Una lectura del alcohol como dolor, memoria y derrota dentro de la música country
- Las reglas que ha de cumplir una Whiskey Song
- La clasificación de las Whiskey Songs
- Whiskey Songs Femeninas y Masculinas
- Las whiskey songs y la historia del country
- La noche cambia de sonido. La resaca no.
- 25 grandes Whiskey Songs
- Una breve descripción de cada uno de los temas
- 1. Whiskey Won The Battle — Ashton Shepherd
- 2. Last Call — Lee Ann Womack
- 3. Whiskey Lullaby — Brad Paisley feat. Alison Krauss
- 4. Ugly Lights — Miranda Lambert
- 5. You and Tequila — Kenny Chesney feat. Grace Potter
- 6. Drunk Last Night — Eli Young Band
- 7. Drowns The Whiskey — Jason Aldean feat. Miranda Lambert
- 8. Whiskey Glasses — Morgan Wallen
- 9. Hide The Wine — Carly Pearce
- 10. When I’ve Been Drinkin’ — Jon Pardi
- 11. If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will) — George Jones
- 12. The Bottle Let Me Down — Merle Haggard & The Strangers
- 13. There Stands The Glass — Webb Pierce
- 14. Hurtin’ (On the Bottle) — Margo Price
- 15. Sunday Mornin’ Comin’ Down — Kris Kristofferson
- 16. Whiskey and Country Music — Ashley McBryde
- 17. Drinkin’ Problem — Midland
- 18. She’s Actin’ Single (I’m Drinkin’ Doubles) — Gary Stewart
- 19. Set ’em Up, Joe — Vern Gosdin
- 20. You Proof — Morgan Wallen
- 21. Neon Light — Blake Shelton
- 22. Drunk On A Plane — Dierks Bentley
- 23. Bar None — Jordan Davis
- 24. Whiskey River — Willie Nelson
- 25. Whiskey And You — Chris Stapleton
En el country hay una tradición muy seria de hacer canciones sobre gente que bebe para no pensar. O para pensar peor. O para pensar justo lo que no debería. El alcohol deja de ser accesorio de bar o excusa para levantar el vaso y brindar con cara de anuncio para aparecer como lo que tantas veces es en la vida real: una estrategia bastante mala para aguantar el dolor.
El vaso, la botella, el whiskey, el bourbon, el vino barato o la última copa no están para decorar la escena. Están para decir que alguien ha perdido algo, no sabe cómo decirlo y ha decidido anestesiarse con lo primero que tiene a mano. A este tipo de canciones, dentro del género, podemos llamarlo Whiskey Songs.
No es un subgénero oficial. Nadie va por ahí con un cartel diciendo “esto es Whiskey Song” como si fuera una etiqueta de supermercado. No funciona como honky-tonk, bluegrass o outlaw country. Es más bien una forma de leer ciertas canciones: temas donde el alcohol, la noche, la resaca y la memoria amorosa van de la mano y se reparten el trabajo sucio.

Su raíz está muy cerca del honky-tonk, esa parte del country que se hizo fuerte en los años cuarenta con nombres como Ernest Tubb y Hank Williams. Ahí ya estaba todo: bares, carretera, derrota, amores rotos y personajes que no sabían si iban a casa o a hundirse un poco más. El honky-tonk tiene ese encanto tan especial de sonar alegre mientras cuenta desgracias. El country es muy de hacer eso: ponerle brillo a la tragedia para que entre mejor.

Las Whiskey Songs salen de ese mundo, pero van un paso más allá. No se limitan a cantar la tristeza. Cuentan qué hace alguien con esa tristeza cuando ya no le cabe dentro. Y casi siempre la respuesta es mala: beber.
El country siempre ha tenido una relación rara con la bebida. A veces la celebra, sí. Pero en sus mejores canciones la botella no es una fiesta: es un espejo. Uno que devuelve una cara que no apetece mirar. El personaje bebe y no se libera. Al contrario: se ve con más claridad. O peor. Porque a veces el alcohol no borra nada; solo baja el volumen de la vergüenza durante un rato.
Por eso estas canciones importan. Porque condensan casi todo lo que hace fuerte al country: la pérdida amorosa, la culpa, la soledad, el fracaso personal, la vida de bar, la noche como espacio moral, la resaca como castigo y la memoria como una pesadilla con botas.
El country, cuando funciona, no convierte la tristeza en una idea abstracta y bonita. La baja al suelo. La pone en una barra, en una habitación de motel, en una llamada a deshora o en una botella vacía que ya no hace ningún milagro. Ahí está su fuerza. Habla de cosas enormes con objetos pequeños. Muy pequeños, de hecho. Tan pequeños como una copa mal pedida.
Y el whiskey, en todo esto, no es solo una bebida. Es un personaje más.
A veces promete olvido. A veces empuja a llamar a quien no se debe. A veces convierte la dignidad en humo. A veces sirve para aguantar una noche más. A veces ni siquiera llega a eso.
Una Whiskey Song es una canción, principalmente dentro del country, honky-tonk, bluegrass, outlaw country, americana o country contemporáneo, en la que la bebida, el bar, la noche, la resaca o la memoria amorosa ligada al alcohol forman parte del conflicto de verdad. No de fondo. No de decoración. De verdad.
No basta con que una canción sea triste. El country está lleno de canciones tristes. No basta con que hable de una ruptura. También hay demasiadas de esas. No basta con que tenga pedal steel y voz quebrada, porque eso no convierte nada automáticamente en una canción sobre whiskey, igual que poner una gabardina no convierte a nadie en detective.
Para que una canción entre en esta categoría, el universo del alcohol tiene que estar dentro de la herida. La herida tiene que oler a bar cerrado, a resaca, a madrugada y a mala decisión.

Por eso una canción como “Why Not Me” de The Judds, aunque sea country y aunque hable de amor, se queda fuera. No hay bar, no hay whiskey, no hay resaca, no hay derrota ligada a la bebida. Hay emoción, sí. Pero no hay ese pulso alcohólico que define al territorio.
En cambio, canciones como “Whiskey Won The Battle” de Ashton Shepherd, “Last Call” de Lee Ann Womack o “If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will)” de George Jones son piezas mucho más nucleares. Ahí el alcohol no aparece de visita: manda.

Las reglas que ha de cumplir una Whiskey Song
Para que una canción sea una Whiskey Song de verdad, tiene que cumplir varias de estas cinco reglas. Cuantas más cumpla, más cerca está del núcleo duro del asunto.
1. El alcohol aparece de forma explícita.
La canción menciona directamente palabras como whiskey, whisky, bourbon, bottle, drinkin’, drunk, beer, wine, liquor, bar, last call, y similares. Esta es la puerta de entrada más obvia. Si la bebida está nombrada, ya hay una posibilidad. Pero ojo: mencionar alcohol no convierte automáticamente una canción en una Whiskey Song potente. También hay canciones que dicen “whiskey” y luego no saben muy bien qué hacer con él. Como invitados que llegan tarde y encima no aportan nada.

Por ejemplo, “Let Me Touch You For Awhile” de Alison Krauss menciona whiskey, pero su centro emocional está en otra parte: deseo, intimidad, consuelo. La referencia está ahí, sí, pero no sostiene la canción. En cambio, en “Whiskey Won The Battle”, el whiskey no es un detalle decorativo. Es el motor de todo el drama.
2. El alcohol funciona como herramienta emocional.
Aquí la bebida cumple una función dramática clara. El personaje bebe para olvidar, resistir, anestesiarse, no llamar, llamar, aguantar, caer o hacerse daño con estilo, que es una de las especialidades más antiguas del género. Este es uno de los criterios más importantes. El alcohol no está para ambientar. Está para actuar sobre el conflicto, aunque casi siempre fracase en el intento.
En “The Bottle Let Me Down” de Merle Haggard, la botella falla como mecanismo de olvido. Qué sorpresa. En “Drowns The Whiskey”, la idea es todavía más directa: se intenta ahogar el recuerdo en alcohol, pero el recuerdo acaba ahogando al whiskey. Esa inversión es puro country del bueno. O del malo. Depende de cuánto quieras sufrir ese día.
3. Hay bar, noche o resaca.
Muchas Whiskey Songs suceden en espacios y momentos muy concretos: un bar, una última llamada, una madrugada, una noche que se alarga más de la cuenta, una mañana de resaca, una habitación después del exceso o una barra donde el camarero ya sabe qué va a pasar. El bar en el country no es solo un lugar. Es un confesionario sin absolución. Un sitio donde la gente no va a pasar el rato, sino a rozar su propia ruina con una luz de neón bastante poco compasiva.

“Last Call” de Lee Ann Womack funciona precisamente por eso. La última llamada del bar y la última llamada emocional se confunden. Y el hombre que busca consuelo ya ha bebido demasiado como para darse cuenta de que no está pidiendo amor. Está pidiendo una prórroga.
4. La memoria amorosa aparece ligada al alcohol.
Este punto es clave. Y conviene aplicarlo con bastante severidad, porque si no todo se convierte en una sopa sentimental. No basta con que haya memoria amorosa. El country está lleno de recuerdos, rupturas y amores perdidos. Para entrar aquí, esa memoria tiene que estar claramente unida a la bebida, al bar, a la noche alcohólica, a la borrachera o a la resaca. La memoria tiene que estar mojada en alcohol. Si no, no basta.
Por eso “The Song Remembers When” de Trisha Yearwood, aunque es una gran canción sobre la memoria, no entra del todo en este grupo si no hay una relación clara con la bebida. En cambio, “If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will)” de George Jones es casi una definición del asunto: beber puede matar el cuerpo, pero la memoria de ella puede hacer algo peor. Y George Jones lo canta como si ya estuviera haciendo el inventario.

5. La bebida está unida a la derrota.
La bebida tiene que estar conectada a alguna forma de caída: derrota amorosa, humillación, dependencia, autodestrucción, soledad, pérdida de control, daño doméstico, recaída o imposibilidad de olvidar. Aquí está la diferencia entre una canción de fiesta y una Whiskey Song. No basta con beber. Hay que perder algo mientras se bebe. O después. O por culpa de eso. El country es muy bueno en convertir el desastre en canción, pero aquí el desastre no es abstracto: tiene nombre, vaso y consecuencias.
“Don’t Come Home A-Drinkin’ (With Lovin’ On Your Mind)” de Loretta Lynn es esencial por esto mismo. No canta el que bebe; canta la que pone el límite. Y eso ya cambia todo. El alcohol deja de ser romanticismo de perdedor y se convierte en conflicto doméstico, cansancio y dignidad femenina. Vamos, la realidad entrando por la puerta de atrás mientras alguien vuelve tambaleándose.

La clasificación de las Whiskey Songs
Con estas reglas, se puede hacer una especie de escala bastante útil: 5/5: Whiskey Song nuclear. 4/5: Muy sólida. 3/5: Entra con claridad, pero desde la periferia. 1-2/5: Lateral o discutible. 0/5: Fuera.
Esta escala sirve para que el concepto no se vuelva blando. Porque si todo country triste entra, entonces ya no estamos hablando de nada. Una Whiskey Song no es cualquier canción que duele. Es una canción donde el dolor pasa por el vaso. Y si el vaso no pinta nada, pues no pinta nada.
Whiskey Songs Femeninas y Masculinas
Una de las cosas más interesantes de este tema es cómo cambia según quién canta. En muchos clásicos masculinos, el hombre bebe porque ha perdido a una mujer. La botella se convierte en refugio, excusa, condena o compañía. George Jones, Merle Haggard, Gary Stewart o Willie Nelson han trabajado esa figura del hombre herido que se sienta frente al alcohol como quien se sienta ante un juez al que además le cae mal.

Pero las grandes Whiskey Songs femeninas añaden otra capa. Y ahí es donde el asunto se pone bueno. No se limitan a repetir el lamento masculino: lo corrigen, lo ensucian o lo desmontan.
Lee Ann Womack canta a la mujer que ya no quiere ser la última llamada de un hombre borracho. Ashton Shepherd canta a una mujer que bebe y aun así no consigue borrar el recuerdo. Loretta Lynn canta a la mujer que pone límites al marido que vuelve bebido. Miranda Lambert canta las luces feas de una noche donde el alcohol no tapa la grieta. Carly Pearce, en “Hide The Wine”, convierte el vino en el detonante de una posible recaída sentimental.

Ahí la temática se vuelve más rica. La Whiskey Song deja de ser solo el monólogo del borracho romántico, que ya tenía su cuota de dramatismo suficiente, y pasa a ser una anatomía más amplia del deseo, el alcohol, el poder, la memoria y la dignidad.
Las whiskey songs y la historia del country
Lo interesante es que esta temática recorre casi toda la historia del country. En el honky-tonk clásico, la barra y la botella forman parte del paisaje moral. Ernest Tubb fue una figura decisiva en esa tradición, y el Country Music Hall of Fame lo define como uno de los pioneros del honky-tonk y uno de los intérpretes más influyentes del género.
Pero las Whiskey Songs no viven solo en el pasado. El country contemporáneo ha seguido explotando este motivo con mucha eficacia. Morgan Wallen, Jason Aldean, Miranda Lambert, Carly Pearce, Jon Pardi, Midland, Jordan Davis o Ashley McBryde han actualizado la botella para llevarla a una producción más brillante, más radiofónica y más grande, pero con el mismo núcleo de siempre: se bebe para olvidar y se recuerda mejor.
La diferencia está en el sonido. El honky-tonk clásico tenía fiddle, steel guitar, piano de bar y una crudeza casi desnuda. El country actual puede llevar baterías enormes, guitarras más gruesas y ese brillo de producción que hace que todo suene como si la resaca viniera con presupuesto. Pero el mecanismo emocional sigue siendo el mismo.
La noche cambia de sonido. La resaca no.
Estas canciones importan porque dicen algo bastante incómodo: muchas veces no buscamos una solución, buscamos una pausa. Nadie bebe pensando seriamente que el whiskey va a arreglarle la vida. O casi nadie. Se bebe para retrasar el golpe. Para aplazar la memoria. Para fingir durante un rato que la cosa está bajo control.
El problema es que el alcohol puede ganar pequeñas batallas, pero rara vez gana la guerra. Aturde, calienta, empuja, duerme, desordena, hace llamar, hace caer. Pero la memoria suele esperar al final, quieta, paciente, bastante cruel. Y cuando vuelve, vuelve con factura.
Por eso estas canciones son tan potentes. Porque no glorifican del todo la botella. La muestran como lo que es dentro del imaginario country: un remedio que también es veneno, una compañía que también te deja tirado, una respuesta que al final devuelve la pregunta.
Una Whiskey Song es una canción en la que el alcohol, el bar, la noche o la resaca funcionan como catalizadores de una herida emocional. Puede haber amor perdido, culpa, deseo, soledad, memoria o caída. La clave es que esa herida pasa por la bebida.
Dicho de forma más seca: una Whiskey Song es una canción donde alguien bebe para olvidar y descubre que recuerda mejor.
Y dicho de forma más limpia todavía: la botella gana la noche; la memoria gana la guerra.
25 grandes Whiskey Songs
Os hemos seleccionado 25 temas que entran de lleno en esta clasificación de Whiskey Songs todas con una clasifición de 4 o 5. 19 canciones de 5 y 6 de 4. ¡Una selección brutal!
Y si queréis el enlace a Tidal
https://tidal.com/playlist/dec11339-0e1c-4c41-91aa-9acc65be4be7
Una breve descripción de cada uno de los temas
1. Whiskey Won The Battle — Ashton Shepherd
2008. Whiskey Won The Battle, de Ashton Shepherd, es country neotradicional con pulso honky-tonk contemporáneo; corte del álbum Sounds So Good. Está en la lista porque convierte la resaca en campo de batalla: el whiskey vence al cuerpo durante una noche, pero el recuerdo amoroso gana la guerra emocional. Es una definición casi perfecta de la Whiskey Song: botella, derrota, memoria y fracaso del olvido.
2. Last Call — Lee Ann Womack
2008. Last Call, de Lee Ann Womack, es balada country neotradicional; single de Call Me Crazy. Está en la lista porque dramatiza la llamada que llega desde el bar cuando la noche se acaba. El alcohol no aparece como fiesta, sino como excusa cobarde para volver a llamar a quien ya ha aprendido a no contestar.
3. Whiskey Lullaby — Brad Paisley feat. Alison Krauss
2004. Whiskey Lullaby, de Brad Paisley feat. Alison Krauss, es balada country trágica con sensibilidad bluegrass; single de Mud on the Tires. Está en la lista porque lleva el motivo de whiskey, culpa y memoria hasta el extremo fatal. No habla de beber para olvidar de manera decorativa: muestra el alcohol como instrumento de desaparición moral y física.
4. Ugly Lights — Miranda Lambert
2016. Ugly Lights, de Miranda Lambert, es country-rock de raíces con tono alt-country; corte de The Weight of These Wings. Está en la lista porque sitúa la autodestrucción en la luz fea del bar, allí donde el maquillaje emocional se cae. Es una canción de lucidez nocturna: beber no embellece la herida, la ilumina sin piedad.
5. You and Tequila — Kenny Chesney feat. Grace Potter
2011. You and Tequila, de Kenny Chesney feat. Grace Potter, es balada country contemporánea con aire americana; single de Hemingway’s Whiskey. Está en la lista porque empareja a una persona y una bebida como dos adicciones difíciles de abandonar. La canción entiende el deseo amoroso como recaída: basta una copa, o un recuerdo, para volver al mismo daño.
6. Drunk Last Night — Eli Young Band
2013. Drunk Last Night, de Eli Young Band, es country-rock contemporáneo de banda; single de 10,000 Towns. Está en la lista porque pertenece al subgrupo de las llamadas borrachas. La canción narra el arrepentimiento posterior a decir, de noche y bajo los efectos del alcohol, lo que de día quizá se habría callado.
7. Drowns The Whiskey — Jason Aldean feat. Miranda Lambert
2018. Drowns The Whiskey, de Jason Aldean feat. Miranda Lambert, es country mainstream con fuerte influencia neotradicional y pedal steel; single de Rearview Town. Está en la lista porque invierte una imagen clásica: no es el whiskey quien ahoga la memoria, sino la memoria quien ahoga al whiskey. Es una formulación perfecta del fracaso alcohólico del olvido.
8. Whiskey Glasses — Morgan Wallen
2018. Whiskey Glasses, de Morgan Wallen, es country-pop de bar con base honky-tonk moderna; single de If I Know Me. Está en la lista porque usa los ‘vasos de whiskey’ como objeto literal y metáfora visual. El protagonista bebe para no ver con claridad la ruptura: el alcohol como filtro, máscara y mecanismo de negación.
9. Hide The Wine — Carly Pearce
2017. Hide The Wine, de Carly Pearce, es country-pop contemporáneo con pulso de honky-tonk ligero; single de Every Little Thing. Está en la lista porque el vino aparece como detonante de recaída ante un antiguo amor. La canción no trata la bebida como accesorio sensual, sino como peligro: si aparece él, mejor esconder la botella.
10. When I’ve Been Drinkin’ — Jon Pardi
2014. When I’ve Been Drinkin’, de Jon Pardi, es country moderno con base honky-tonk y sensibilidad californiana; single de Write You a Song. Está en la lista porque trabaja la misma escena con mayor ternura: el narrador llama cuando ha bebido, no por valentía, sino porque el alcohol baja las defensas y deja salir la nostalgia.
11. If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will) — George Jones
1981. If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will), de George Jones, es country clásico de bar y honky-tonk lento; single de I Am What I Am. Está en la lista porque su propio título formula la ecuación del subgénero: si la bebida no acaba con el narrador, lo hará la memoria de ella. Es una de las formas más desnudas del country de derrota alcohólica.
12. The Bottle Let Me Down — Merle Haggard & The Strangers
1966. The Bottle Let Me Down, de Merle Haggard & The Strangers, es Bakersfield sound y honky-tonk clásico; single de Swinging Doors. Está en la lista porque presenta una idea esencial: la botella, supuesta aliada del olvido, falla. El protagonista bebe para escapar de una pérdida amorosa y descubre que el alcohol ya ni siquiera cumple su promesa de anestesia.
13. There Stands The Glass — Webb Pierce
1953. There Stands The Glass, de Webb Pierce, es honky-tonk clásico de la primera edad dorada de Nashville; single publicado por Decca. Está en la lista porque el vaso se convierte en presencia dramática. La canción pone al narrador frente al alcohol como única compañía posible ante la soledad, y por eso es una raíz histórica imprescindible del territorio Whiskey Songs.
14. Hurtin’ (On the Bottle) — Margo Price
2015. Hurtin’ (On the Bottle), de Margo Price, es alt-country y honky-tonk revival; single previo al álbum Midwest Farmer’s Daughter. Está en la lista porque recupera el lenguaje de la borrachera country desde una voz femenina contemporánea, bronca y orgullosa. La botella no es paisaje: es el centro de una vida que intenta aguantar a base de exceso.
15. Sunday Mornin’ Comin’ Down — Kris Kristofferson
1970. Sunday Mornin’ Comin’ Down, de Kris Kristofferson, es country-folk de autor y proto-outlaw country; incluida en el álbum Kristofferson. Está en la lista por su retrato magistral de la resaca moral. No es una canción de whiskey literal en el título, sino de domingo después de la noche: cerveza, cabeza rota, ciudad vacía y una soledad que pesa más que la borrachera.
16. Whiskey and Country Music — Ashley McBryde
2023. Whiskey and Country Music, de Ashley McBryde, es country contemporáneo de raíces y americana mainstream; corte de The Devil I Know. Está en la lista porque une dos refugios clásicos del género, whiskey y canción country, como formas imperfectas de compañía. Funciona como una declaración de pertenencia al imaginario de barra, memoria y resistencia emocional.
17. Drinkin’ Problem — Midland
2017. Drinkin’ Problem, de Midland, es country neotradicional con aire western swing y honky-tonk elegante; single de On the Rocks. Está en la lista porque convierte el hábito de beber en rumor público y en síntoma de una pérdida privada. Su brillo retro no oculta el fondo: una tristeza que se ha vuelto costumbre de barra.
18. She’s Actin’ Single (I’m Drinkin’ Doubles) — Gary Stewart
1975. She’s Actin’ Single (I’m Drinkin’ Doubles), de Gary Stewart, es honky-tonk eléctrico, sureño y desgarrado; single de Out of Hand. Está en la lista porque condensa en una frase una escena completa: ella actúa como si estuviera libre y él duplica la bebida para soportarlo. Es country de celos, alcohol y humillación masculina en estado puro.
19. Set ’em Up, Joe — Vern Gosdin
1988. Set ’em Up, Joe, de Vern Gosdin, es country neotradicional y honky-tonk de jukebox; single de Chiseled in Stone. Está en la lista porque convierte el bar en ritual de duelo. El narrador pide otra ronda y otra canción en la máquina, intentando sostenerse con alcohol y memoria musical después de que su pareja lo haya dejado.
20. You Proof — Morgan Wallen
2022. You Proof, de Morgan Wallen, es country-pop contemporáneo con elementos de trap-country; single de One Thing at a Time. Está en la lista porque actualiza la vieja idea de beber para borrar a alguien: el narrador intenta hacerse inmune a la memoria de una ex, pero ningún alcohol consigue volverlo ‘a prueba de ella’.
21. Neon Light — Blake Shelton
2014. Neon Light, de Blake Shelton, es country mainstream de bar con producción pop-rock; single de Bringing Back the Sunshine. Está en la lista porque propone el bar como salvación provisional después de una ruptura. La luz de neón sustituye al amor perdido: no cura, pero ofrece una noche más de supervivencia emocional.
22. Drunk On A Plane — Dierks Bentley
2014. Drunk On A Plane, de Dierks Bentley, es country mainstream festivo con humor de ruptura; single de Riser. Está en la lista porque transforma el abandono sentimental en borrachera absurda: una luna de miel sin pareja, un avión como bar improvisado y la risa como forma de no derrumbarse del todo.
23. Bar None — Jordan Davis
2025. Bar None, de Jordan Davis, es country contemporáneo de barroom heartbreak; single de Learn The Hard Way. Está en la lista porque actualiza el motivo del bar como marcador de derrota amorosa. El narrador contabiliza botellas, recuerdos y puntos perdidos contra una ex que sigue ganando la partida.
24. Whiskey River — Willie Nelson
1973. Whiskey River, de Willie Nelson, es outlaw country con raíz honky-tonk y fraseo bluesy; versión de Shotgun Willie; la original fue de Johnny Bush en 1972. Está en la lista porque el whiskey se vuelve río, corriente y refugio imaginario donde intentar lavar el recuerdo. En la voz de Willie Nelson dejó de ser solo una canción y pasó a ser emblema de una vida de carretera y resistencia.
25. Whiskey And You — Chris Stapleton
2015. Whiskey And You, de Chris Stapleton, es country-soul acústico y americana de raíz; versión de Traveller; la canción ya había sido grabada antes por Tim McGraw. Está en la lista porque reduce el subgénero a una comparación devastadora: el whiskey duele, pero la persona perdida duele más. Es una de las Whiskey Songs más íntimas, sobrias y menos ornamentales.