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Apatrullando la ciudad. Puerta del Sol

Este confinamiento COVID-19 al que estamos sometidos nos está trayendo unas imágenes muy singulares. A la 1:40 de la madrugada del día 15 de marzo, muy poco después de haber comenzado el estado de alarma ya pudimos conseguir la primer foto de la Puerta del Sol sin coches. Desde 1997 hasta ahora las únicas todos del centro de Madrid sin coches son las que pudimos ver en la película Abre los Ojos de Alejandro Amenabar.

No ha sido esta la última foto sorprendente de la Puerta del Sol. Ahí tenéis la que capturamos ayer en la medianoche frente al reloj de la Puerta del Sol: Diez coches de la policía municipal con 20 agentes, perfectamente alineados presentan sus respetos frente al edificio de la Comunidad de Madrid. Son fotografiados tanto desde delante como desde detrás por otros dos agentes. Otros dos agentes en moto se una a la fiesta. Otro más cruza junto al que hace la foto. En total tenemos 25 agentes. Esta noche estaré atento para volver a ver el show.

Gracias Isma, por haberme avisado y poder verlo. Poco después de la media noche partieron todos a diversos lugares de esta ciudad.

Pues nada, ahí va la merecida canción:

https://youtu.be/vf-9m0g2ghQ

Otro día más y otra fake más: The Reader.

Una vez más me he levantado con un odioso video apocalíptico que me han enviado con la cantinela “el gobierno son unos asesinos”. Es repugnantemente increíble. Como estamos en un estado de derecho y somos ciudadanos libres en un país donde hay libertad de expresión el imbécil que ha grabado ese video puede difundirlo por la red engañando a un montón de personas incautas. ¿Hasta cuando hay que soportar esto?

El hecho de ser ciudadanos libres en un país democrático también nos hace responsables. No somos espectadores pasivos de lo que hacen otros, ¡No y mil veces no! Somos actores activos del futuro de nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país y nuestra cultura. Tenemos que ser consecuentes de nuestros actos y de nuestras acusaciones. Tenemos que ser responsables con las capacidades que nos confiere la tecnología.

Me viene al recuerdo una película que protagoniza espléndidamente la maravillosa Kate Winslet: The Reader.

The reader es un película del año 2008 dirigida por Stephen Daldry . Está interpretada además de por Kate Wislet   por  David Kross. Con total merecimiento Kate Wislet consiguió el oscar a mejor actriz por esta película.

Solo os haré una breve sinopsis que no os destripará la película:

En el Berlín de la postguerra un chaval de 15 años, Michael Berg (David Kross), pierde el conocimiento mientras regresa del colegio en el portal de Hanna Schmitz (Kate Winslet). Hanna, que le dobla la edad, lo ayuda. Entre los dos surge un apasionado romance prohibido. Años más tarde cuando Michael está estudiando derecho la situación vivida por él durante su adolescencia toma un inesperado y sorprendente giro.

Son muchos los temas de debate que nos abre esta magnífica obra. En The Reader se nos habla de amor, perdón, conocimiento y responsabilidad. ¿Eres responsable de los actos que cometes cuando lo haces en tu trabajo a las órdenes de otros? ¿Se pueden justificar los actos que se cometen, por muy execrables que estos sean, si no se conoce lo que se está haciendo? ¿El desconocimiento exime de responsabilidad? ¿Se puede amar a alguien que haya cometido actos deleznables? ¿Se puede perdonar solo con el amor? ¿Es el conocimiento fuente de sufrimiento?

Esta película abre muchos debates, antes de seguir, os dejo la su ficha técnica y os recomiendo que la veáis.

https://www.filmaffinity.com/es/film331584.html

Pues no, no estamos en la Alemania nazi de 1945 sino que estamos en Madrid, España, en la Europa Comunitaria del año 2020. Los hospitales no son campos de concentración y los que allí trabajan no cumplen ordenes militares. La cadena de abastecimiento se rige por las normas dictadas por nuestra comunidad y nuestras leyes. Hay que tomar decisiones que pueden afectar a otros, incluso a su vida, y hay, pero solo por un corto periodo de tiempo, falta de medios.

¿Dónde están los asesinos? Pues algo podemos tener seguro: Se encuentran en los corazones de los que difunden semejantes fakes y videos de odio.

The Reader

En Madrid no se deja morir a nadie

Cuando la desgracia toca a nuestra puerta, a nuestra ciudad, a nuestro país, a nuestra civilización, siempre hay seres que quieren anotarse tantos y sacar un rendimiento, político o económico, de la desgracia común. No puedo expresar con palabras, porque me faltan, el profundo asco y desprecio que siento hacia ese tipo de comportamientos. Sus autores solo me dan una tremenda pena y, me cuesta trabajo tratarles con la dignidad que su humana condición les confiere. Es un trabajo que hay que hacer y superar.

Aun así, me parece humanamente insoportable, este tipo de videos con los que nos están asaltando todas las mañanas con la frase brutal “En España se está dejando morir a los mayores de 65 años”. Dios quiera que el troglodita que es capaz de decir semejantes barbaridades no tenga un padre y una madre infectados ambos, con neumonía y un único respirador. Que el destino no le haga a él tener que decidir a quien se lo da y que luego no se encuentre con un millón de subnormales haciendo videos contando como dejo morir a uno de sus progenitores.

¡Se puede ser más gilipollas!

No solo creo que debemos de exigir responsabilidad penal para aquellos que crean y hacen esos vídeos, sino también para aquellos que los difunden.

Creía que no era especialmente españolista pero en las últimas semanas me doy cuenta de que en realidad SI que lo soy. Estoy muy orgulloso de ésta, mi tierra, de sus gentes y, sobre todo, del cariño, bondad, comprensión, amor y esfuerzo que ponemos en cuidar de nuestros mayores: Sanitarios, personal social, ayuda a domicilio, vecinos, amigos y conocidos.

Como madrileños, ya sea nacidos aquí o de adopción, no debemos de consentir que nadie nos ponga en tela de juicio como ciudadanía. La ciudadanía de Madrid no deja morir a nadie y, por ende, los gobiernos que nos representan tampoco, porque nos representan y lo que es humanamente inaceptable no lo consentiría jamás la ciudadanía.

Por supuesto que hay falta de medios y claro que habrá que depurar responsabilidades políticas en un futuro. Eso es normal y lógico en democracia. Sin embargo quien acusa al gobierno, sea este del color que sea,  de asesinar desde el  poder que el pueblo les confiere acusa a todos los ciudadanos de consentirlo y con ello nos convierte a todos en cómplices de la barbarie.

¡No consientas que te llamen asesino! y acallemos de una vez por todas a esa colección de “necios” que nos quieren vender la llegada del “apocalipsis”

No es de extrañar que el oso haya bajado del madroño para llorar amargamente. Gracias Forges.

Cuentos contra-eróticos (I): Me gusta que te hayas dejado algo

Voy a comenzar una sucesión de cuentos cortos. Son historias muy absurdas y reales que me han pasado por las noches de Madrid y que quiero compartir con vosotros. Son, como muchas veces es la noche en Madrid, la contracultura de lo erótico, como si Eros se despistase siempre y le diera por viajar a los infiernos. Eso sí, y espero que os parezcan, siempre historias divertidas.

Me costaba mucho trabajo contar esta primera y muy complicado ver como servirla de la mejor manera posible asumiendo su realidad. Espero haberlo conseguido Ahí va.

Me gusta que te hayas dejado algo

Aquella tarde, como otras muchas, nos fuimos al pub que había a unos cientos de metros de la salida del trabajo. Un típico pub de barrio regentado por una preciosa chica, mitad española y mitad rusa. Era un local reconvertido en pub a partir de lo que fue un pequeño club de alterne cutre de los que tanto abundaban por la zona de Tetuán cerca de la que fue calle de Capitán Haya. En este localito se charlaba animosamente, nunca esta demasiado lleno y abundaban allí pequeños grupos de amigos y parejas que pasaban la tarde sin mayor complicación

Tenía una pequeña planta de arriba que se usaba como office y en la planta de abajo, aparte de los baños, tenía otra estancia que hacía las veces de trastero. Antes, en su anterior uso, eran las dos habitaciones donde se consumaba el negocio entre los asiduos al local y las chicas de alterne. Su barra con bordes de cuero, sus tonos rojizos y la escasa, aunque suficiente luz lo hacían un sitio apetecible para la conversación. Tenía ese falso ambiente canalla de antro de mala muerte que tanto amamos los madrileños.

Aquella tarde llegamos a la barra y nos pusimos a hablar de nuestras cosas. Mi amigo y yo éramos unos fanáticos de la filosofía y del ensayo y, probablemente, aunque ya no lo recuerdo demasiado, nos pusimos a arreglar nuestro mundo que generalmente tenía muchos rotos para buscar unos cuantos descosidos.

Además de hablar entre nosotros, también hablábamos cuando iba y venía de poner copas al resto de clientes, con la coqueta camarera que, sinceramente, alegraba bastante nuestras tertulias.

Me dedicaba a observar a la clientela, a las diferentes personas que iban entrando con cuentagotas en el local, observa a ellas con la esperanza de que entrara aquella persona distinta y especial, esa aguja en el pajar, esa rara avis que me hiciese imaginar historias únicas e inconfesables.

No a mucho tardar, entraron dos chicas que se situaron al fondo de la barra, justo al lado contario en donde nos encontrábamos.  Comenzaron a charlar animosamente. Solo yo podía verlas ya que mi amigo se situaba de espaldas. Podía ver a una de ellas, la que estaba de pie. De la otra, que me daba la espalda, solo podía ver su cabello moreno. Mientras mi amigo hablaba yo no paraba de mirar de manera incesante los preciosos ojos de la morena que tenía enfrente, su constante gesticular y su dramatismo. Lo que contaba a su amiga lo hacía acompañado de todo tipo de elementos gestuales y risas. Me era muy difícil mantener la atención en lo que mi amigo intentaba contarme.

Pasamos así un rato bastante largo y, en el escenario del fondo donde se centraba la acción de ella, todo iba a cambiar de una manera repentina. Su amiga, elevando el tono, empezó a meterse con ella de una manera bastante punzante y, de repente, se levantó de su asiento y se fue del pub sin mediar más palabra. La preciosa morena se quedó sola en la barra llorando desconsoladamente. También mi amigo, percatándose, se había girado ya contemplando la escena. Dije que iba a hablar con ella para saber lo que le había ocurrido y, avanzando unos metros en la barra, me fui hacia donde se encontraba.

Nos presentamos. Ana, que así se llamaba, tenía muchas ganas de hablar y me recibió como agua de mayo. Yo me senté en la silla alta de barra de pub que antes ocupaba su amiga. Me contó brevemente la historia del conflicto. Le dije que no se preocupara, que al menos, podíamos hablar, tomar unas copas y así consolarse. En ese momento se acercó hasta mi y me besó en los labios, la correspondí con un beso muy largo.

Mi amigo viendo la situación, se acercó y se despidió de nosotros. Seguimos a lo nuestro y los siguientes momentos fueron muy intensos. Mi corazón se aceleraba, la dopamina fluía por mis poros y solo pensaba en la inmensa suerte que me había acompañado esa tarde al conocer a tremenda pibonaza, con quien seguro acabaría pasando la noche.

Nos pedimos una copa y otra más. Ella bebía tanto Brugal como yo y con la misma intensidad. De repente, en el siguiente envite arremetió contra mi con tal fuerza que tambaleándose la silla donde me sentaba nuestros cuerpos dieron contra el suelo. A pesar del tremendo golpe que me di en una costilla aumentaron mis ganas de seguir alimentando esa pasión en un lugar más adecuado para ello.

Nos levantamos y ambos nos quedamos de pie en la barra. En su próxima travesura dirigió mi mano a mi trasero y tomó la decisión de internarse por mi ropa interior hasta introducir su dedo más allá de donde la espalda pierde su nombre.  Tras la primera, y reconozco que sugerente impresión, la deje hacer hasta horadar en ese tan intimo agujero. Cuando ya decidió abandonar ese peculiar lugar condujo su mano a su boca e introduciendo el dedo dentro  lo chupo incesantemente. Después, se dispuso a hablar y sus palabras fueron las que bautizar a este cuento coformando su título. Mi perplejidad iba en aumento. Mas tarde cogió mi mano y tomando mi dedo índice también lo introdujo en su boca, movió la lengua alrededor de el y, después, me dio tal tiento con sus afilados dientes que me hizo tener que lo perdería irremisiblemente. Rápidamente conseguií liberar mi casi amputado dedo de sus fauces. Ella dijo “Vámonos de aquí” y yo respondí “Espera, voy al servicio, y después nos vamos a mi casa”.

Mientras bajaba por las escaleras hacia el baño el miedo se iba apoderando de mi y no dejaba de pensar en lo que luego podría pasar en el futuro inmediato. La imagen de mi miembro viril amputado por el fuerte mordisco de la bella morena no me dejaba pensar. Me imaginaba corriendo a buscar una ambulancia con él en la mano mientras me iba desangrando. Me costó mucho trabajo acabar con el motivo de mi visita al baño. Me miré al espejo, me lavé las manos, subí las escaleras, la vi al fondo en la barra mirando el móvil, abrí la puerta del pub y me fui. ¡Durante unos minutos me sentí muy cobarde!

Dos semanas más tarde, todavía cada mañana me acordaba de ella cuando me levantaba y me dolían las costillas. Eso sí, me reconfortaba ver que todos mis miembros estaban completos. Nunca volví a ver a Ana, aquella bella morena con tanta capacidad para fagocitarlo todo. Me la imagino desmembrando a sus amantes, succionando todos sus fluidos y luego contándoselo animosamente a su amiga mientras actuaba delante de su próxima víctima.

 

Que sepas, COVID-19, que yo nací en el Mediterráneo

El dichoso virus que nos atormenta, este maldito COVID-19, nos ha confinado a todo el planeta en cuarentena. Todos los gobiernos del mundo ponen sus medidas y su manera de combatirlo. Nuestro enemigo ataca de manera muy desconsiderada a nuestra línea de flotación: Cambia nuestra forma de vida, paraliza nuestra economía y enmudece la cultura.

Este problema global que afecta a la vida cotidiana de gran parte de la humanidad pone de manifiesto las grandes diferencias culturales a la hora de defender su estilo de vida que tienen los distintos pueblos.

De manera local, en nuestros análisis, que muchas veces son muy cortos porque lo árboles nos impiden ver el bosque, nos empecinamos en buscar diferencias en la gestión de esta crisis desde las distintas ideologías políticas. Sin embargo, esto no tiene mucho sentido cuando se trata de defender nuestro estilo de vida, mediterráneo y muy de las Españas. En la vieja Europa, contando en este caso con nuestros recién salidos exsocios los ingleses, existen tres maneras muy distintas de enfocar la vida: La mediterránea, la germana y la anglosajona. Son tres maneras distintas de funcionar frente a una pandemia.

En el mundo anglosajón, la preponderancia de lo económico sobre casi todos los restantes aspectos de la vida nos supera a nuestras mentes mediterránea. Así la manera de entender la pandemia para los ingleses hablando de la inmunidad del rebaño aquí nos suena a venusiano. El que un tipo de Texas diga que hay que sacrificar a los mayores por el bien de la economía nacional aduciendo que ya han vivido bastante nos suena a plutoniano.

Que Holanda, Bélgica y Alemania se alineen no queriendo ser solidarios con Españoles e Italianos no nos debería de extrañar. Allí prepondera lo útil para vivir y el pueblo como suma de individualidades.

En nuestro mundo Mediterráneo somos nuestra vida social y nuestros pueblos son la suma de nuestras familias. En España y en Italia nuestros jóvenes viven con sus padres y sus abuelos, sin embargo, en Alemania esto no es así.

Los Mediterráneos somos un grano en el culo para nuestros amigos del norte de Europa con nuestras casas llenas de sol y ruidosas familias siempre toqueteándose.

Cuando tenga tiempo ahondaré más en esta reflexión. Sirva esto para que todos los de aquí y que tenemos familia con casas llenas de luz y de sol, mar, arena, familiares ruidosos y vecinos escandalosos nos demos cuenta que luchamos, seamos del color político  que seamos, por seguir adelante con nuestra vida y cultura. Que tenemos que convencer a otros, con vida y cultura diferentes, para que luchemos juntos para vencer al enemigo común.

Afortunadamente nada de esto tiene que ver con votar, de derecha a izquierda, a Vox, PP, Cds, PSOE o Podemos. Nada de esto tiene que ver con ser nacionalista catalán o Rastafari del Estrecho.

El enemigo es común y las diferencias en la manera de defendernos de este enemigo, son ante todo culturales y de estilo de vida.

Pues nada, aquí tenéis lo que nos une en forma de canción escrita por un catalán

 

La última orgia

Hoy se cumple 76.134 días desde que comenzó el confinamiento un ya lejano domingo 15 de marzo de 2020. Toda la inversión y el esfuerzo mundial en investigación y desarrollo enseguida dieron resultados. En noviembre de 2022 se descubrió la fórmula que nos permitía ser inmortales. En principio era un tratamiento caro y costoso pero no tardó en conseguirse un duplicado popular que podías conseguir en Amazon por solo unos pocos euros. Unos sobrecitos con sabor a limón y poco más. Enseguida empezabas a notar que no envejecías nada de nada. Muy poco después pudimos volver todos a la juventud: se había logrado la regeneración celular. Otros sobrecitos y de regreso a los 20 años. En el año 2050 se descubrió el inhibidor COVID-19 que permitía estar libre de virus durante solo dos horas. Solo se podía usar el inhibidor una vez cada 14 días por un asunto genético que no os podría explicar, si no lo cumplias morias irremisiblemente. Para poder comercializar el inhibidor y poder salir de casa para no incumplir el confinamiento hubo que esperar a tener un sistema que pudiese darte ese permiso. Se consiguió y pudimos de nuevo tener una curiosa vida social que solo duraba muy poquito, a veces solo unos minutos. En 2095 se descubrió el teletransporte instantáneo y podíamos trasladarnos a cualquier lugar del mundo en unos instantes. Aquello fue locura.

Hoy es 22 de agosto de 2228 y he decidido acabar con todo esto. He tardado mucho. La mayoría no pudieron soportarlo y acabaron hace ya mucho. Hoy he organizado la última orgia. Cincuenta seres con más de 200 años y con cuerpos de veinteañeros caeremos una vez más en lo más placentero y mundano, pero hoy ya no volveré.

Y después del encierro un desafío total te espera

Una situación como la que estamos viviendo con muchos millones de personas confinados “all over the world” no se había vivido en ningún momento de la historia de este planeta. Afortunadamente, en esta época de interconectividad que vivimos podemos sobrellevar esta experiencia de la mejor manera posible. Solo tenemos que levantarnos, sentarnos frente a la pantalla de nuestro portátil -o móvil- y voilá, el mundo es nuestro.

Enseguida sabemos lo que pasa en cualquier parte del mundo y podemos escuchar en directo sus medios de comunicación. Nos podemos dar cuenta en muy pocos segundos que el mundo entero habla de lo mismo: COVID-19. Esta situación me tiene muy perplejo.

Todos somos conscientes de lo que está pasando y al margen de las fakes, que ululan por toda la red como auténtico virus del pavor y del miedo, con un mínimo de atención somo capaces de darnos cuenta de la dimensión del problema real que está sucediendo.

No hace falta que busquemos más. Nos podemos quedar en casa y seguir con lo nuestro, bajar a comprar el pan, sacar al perro a ver la luz, organizar nuestras desordenadas vidas desde la introspección, cuidar de algún mayor si vive con nosotros, salir al balcón a aplaudir un ratito a las 20:00h, cantar con los vecinos Resistiré del Sr. Arcusa, quejarse de no tener mascarilla, vigilar el stock de papel higiénico, poner un rato de tele para ver a una colección de famosillos de tres al cuarto tirados por la playas de Honduras y a dormir.

Pero os imagináis como hubiese sido nuestras vidas frente a una situación como esta solo unos pocos años atrás.

Sin Amazon para poder pedir la primera gilipollez que se nos ocurra y nos llegue a casa, casi misteriosamente, al día siguiente, por un precio de risa.

Sin poder vernos las caras con video conferencia cada dos por tres.

Sin Itunes, Spotify, Tidal para escuchar música.

Sin Filmin, NetFlix, HBO para ver series frikis todo el santo día.

Sin poder manejar nuestro dinero de manera instantánea en la banca electrónica, sin Paypal, sin criptomonedas.

Sin poder pedir un crédito instantáneo si lo necesitas

Sin poder teletrabajar y no poder ganar dinero on-line.

En definitiva, este estado de alarma con el confinamiento que estamos viviendo solo es viable gracias a que la tecnología nos lo permite. ¿Os imagináis esta situación en los años 80 o 90? No podríamos resistirlo tan fácilmente y habría sido mucho más difícil. Casi todos tendríamos que salir a trabajar necesariamente para poder ganar algo de dinero, solo tendríamos la información de la radio y la tele. En fin, en aquella época, la mayoría de nosotros acabaría saliendo a la calle porque no nos quedaría otra para sobrevivir o porque el miedo a la desinformación nos causaría una enorme inseguridad. Al final posiblemente acabaríamos decidiendo que es mejor el contagio que el pánico de un encierro sin suficiente información y  sin  poder contactar con nuestros seres queridos tan fácilmente como ahora.

La tecnología y esta nueva era de lo global-local está salvando muchas vidas.

Y si retrocedemos un poco más en el tiempo nos encontraríamos con una policía y ejércitos opresores, sin libertad de expresión, con una información pública que además de manipulada -ahora también- era única.

Solo unos pocos años más atrás ya no podríamos hablar de sanidad universal, ni de estado del bienestar, ni de mercados comunes, ni de nada de nada.

Mientras todos estos cambios han ido sucediendo y mejorando nuestras vidas en los últimos 75-100 años otras muchas cosas siguen siendo iguales o incluso peores. Si claramente podemos observar que hay un avance positivo y universal que mejora la vida de todos los ciudadanos del planeta hay otras que perpetúan la barbarie.

La barbarie de la guerra entre religiones y el terrorismo auspiciado por los “grandes defensores de su propia moral y costumbres” cuyos funestos  líderes podemos encontrar en las tres  grandes plagas del teocentrismo radical: judaismo, cristianismo e islamismo. ¡ Abraham, la que liaste! No podemos decir que el budismo o el hinduismo nos hayan traído problemas similares.

La barbarie del capitalismo salvaje y la desigualdad. Hubo un tiempo en que los bancos eran necesarios porque el dinero físico lo tenías que tener en casa. En ese tiempo era necesario llevarlo a algún sitio para no correr riesgos. Hoy en día el dinero es virtual. Ellos han sido los primeros en sacar partido de ello. Hace 10 años, cuando la crisis del ladrillo, había mucho más capital ficticio circulando del estrictamente real. Desde luego, no fuimos los ciudadanos de a pie, los culpables de esa sinrazón. El capital, auspiciado por un banco, puesto por los accionistas para poder desarrollar un negocio del que se espera un beneficio no es un modelo único. En una nueva economía de la era internet el escenario puede ser muy distinto. Hasta ahora las grandes empresas líderes en la nueva era han acabado cayendo en las garras de “los cantos de sirena” del capitalismo más radical. Desde IBM hasta la era Amazon pasando por Microsoft, Apple o FB. Siempre es un visionario con pocos recursos y grandes ideas el que lanza un gran negocio y, es después, cuando el poder del capitalismo hace acto de presencia. Habrá un momento en que esto no será necesario y el capitalismo radical, conocido como hasta ahora, lo veremos desaparecer.

La barbarie de la falta de empleo. El esquema tradicional del trabajo cambia en la nueva era. En la mayoría de los casos no es necesario estar presencialmente una jornada laboral completa en el centro de trabajo. Es un sinsentido. También aparecen muchos trabajos independientes para profesionales libres que tienen que ser contemplados como tales desde la legalidad para darles una cobertura, abandonado la idea actual de cuota de autónomo, que para muchos es impagable y expulsa a demasiada gente a la economía sumergida. Cada vez tendremos más necesidad de trabajo social presencial: sanidad, ayuda a domicilio, cuidado de personas vulnerables que tendremos que tener asegurado y cubierto. También, si queremos mantener una calidad de vida mejor para todos, tendremos que replantearnos el trabajo, vital para nuestro bienestar, de servicios tales como la hostelería o paquetería. Es una sinrazón que camareros y mensajeros tengan un índice de explotación como el que tienen. Pienso que no hay más remedio que dotar a estos trabajos de condiciones especiales para poder mantener unos precios que permitan una accesibilidad casi universal con unas condiciones de trabajo dignas.

La barbarie de pasotismo climático. Es un hecho que estamos en un cambio climático cuyas consecuencias pueden llegar a ser muy alarmantes. Creo, aunque se ha tardado mucho, que hoy todos somos conscientes de ello.

La barbarie del espectáculo de mal ajeno. Es difícil de entender nuestra pasiva contemplación del mal ajeno sin que se nos remueva el alma. Siempre pensamos que la cosa no va con nosotros. Posiblemente el mejor ejemplo posible sea el propio COVID-19. Pero aquí podemos englobar otros problemas como el de la violencia machista: Si la mayoría nos concienciáramos de que es un problema de todos y que debemos abordarlos desde la educación y cultura desde la infancia, es seguro que mejoraría.

La barbarie de los prejuicios y las ideas preconcebidas. El problema del racismo y la intolerancia están motivados, en muchas ocasiones, por prejuicios e ideas preconcebidas sobre nuestra cultura en contraposición con la cultura del otro El machismo también, ya que viene impuesto por la idea de identidad masculina y femenina que nuestra cultura ha esculpido en nosotros, tanto hombres como mujeres.

Mi conclusión: Un casi-bicho, tan pequeño y casi con vida, como el COVID-19 nos ha obligado a quedarnos en casa a muchos de los habitantes de esta gran pelota, que sobrevive azarosa y muchas veces alegre, durante unos cuantos días.

Creo que hemos conseguido mejorar en muchas cosas y que la vida en este planeta es un poco mejor que lo era hace 100 años, que tenemos muchas cosas que mejorar, y que después de este encierro podemos salir favorecidos con un futuro esperanzador si decimos NO a todo aquello que no es mejorar como personas y como especie.

Digamos NO al terrorismo, a los extremismos religiosos, al capitalismo radical insostenible, a la desigualdad, a la falta de empleo, al cambio climático, a dejar de ser espectadores del mal ajeno, a los prejuicios y las ideas preconcebidas.

¡Tenemos una gran oportunidad! ¡No debemos desperdiciarla!

Cuando acabe esto nos tocará asumir nuestro Desafío Total: Quítate el casco porque podrás respirar.

¡Sed felices!