La verbena más esperada del verano madrileño vuelve a llenar La Latina de música, terrazas, barras en la calle, ambiente castizo y fiesta hasta bien entrada la noche. Desde Happening Madrid hemos preparado seis planes diferentes para recorrer algunos de los rincones con más ambiente de las Fiestas de La Paloma y disfrutar de todo esto:
Dos grandes conciertos en Las Vistillas: Celtas Cortos, el jueves, y Miss Caffeina, el domingo.
El regreso de una de las terrazas más escondidas y especiales de La Latina: Lava Madrid, en la calle de los Mancebos, con programación y propuesta gastronómica especial.
La terraza de uno de los locales de música en directo más indie y alternativos del barrio: Contraclub.
Las barras y el ambiente electrónico de Hangar 48, en la calle Bailén.
Tapas castizas, organillo, chotis y una de las mejores orejas de Madrid en el Bar Muñiz.
El extraordinario ambiente de las calles Calatrava, Paloma, Ángel y Águila durante la tarde del 15 de agosto, día grande de las fiestas.
La tradicional Procesión de la Virgen de La Paloma.
La barra de uno de los locales más clásicos de Las Vistillas: María Pandora.
El ambientazo de la calle Humilladero y el sabor más castizo de la Plaza de la Paja.
Todo organizado para que podáis ir entrando y saliendo de los planes, incorporándoos en los distintos puntos de encuentro y disfrutando de las fiestas a vuestro ritmo.
Planning y puntos de encuentro
Jueves 13 de agosto · Celtas Cortos en Las Vistillas
Hora
Punto / actividad
21:00 h
María Pandora · Plaza de Gabriel Miró, 1
21:30 h
Concierto de Celtas Cortos · Plaza de Las Vistillas
23:30 h
Hangar 48 · Calle Bailén, 24
Viernes 14 de agosto · Humilladero y Plaza de la Paja
Hora
Punto / actividad
22:00 h
Pajaritos Mojados · Calle del Humilladero, 3
23:30 h
Plaza de la Paja · Punto de encuentro frente a La Musa
01:00 h
Hangar 48 · Calle Bailén, 24
Sábado 15 de agosto · Calatrava y Procesión de La Paloma
Hora
Punto / actividad
15:00 h
Bar Muñiz · Calle de Calatrava, 3
16:30 h
Bipolar · Calle de Calatrava, 6
18:00 h
Pajaritos Mojados
19:30 h
La Gildería
20:00 h
Procesión de La Paloma
Sábado 15 de agosto · Lava + Contraclub + Hangar 48
Cuando termine la tarde castiza, cambiamos de registro y seguimos la fiesta por algunos de los locales con más personalidad del barrio.
Hora
Punto / actividad
22:00 h
Lava Madrid · Calle de los Mancebos, 6
23:30 h
Terraza de Contraclub · Calle Yeseros, 6 · Pop / Indie
01:00 h
Hangar 48 · Calle Bailén, 24 · Electrónica
Domingo 16 de agosto · Fiesta Castiza del Agua
Hora
Punto / actividad
16:30 h
Bipolar · Calle Calatrava, 6
17:00 h
Primera Fiesta Castiza del Agua de la calle Calatrava · Vermut y lectura de poesía
19:00 h
Reparto de limonada
Domingo 16 de agosto · Miss Caffeina en Las Vistillas
Despedimos las fiestas regresando a uno de sus escenarios más emblemáticos.
Hora
Punto / actividad
21:00 h
María Pandora · Plaza de Gabriel Miró, 1
21:30 h
Concierto de Miss Caffeina · Plaza de Las Vistillas
Participar es muy sencillo. Solo tenéis que reservar por WhatsApp en el 640 743 115, indicando a qué plan os vais a incorporar, el punto de encuentro elegido y la hora aproximada de llegada.
Del 4 al 7 de agosto, Happening Madrid se adentra en una de las celebraciones más castizas de la ciudad. Limonada vecinal, calles engalanadas, salsa, cumbia, flamenco, chulapas y procesiones para vivir San Cayetano desde dentro.
Martes 4 de agosto — 20:00 h. La limonada de la calle del Oso
Punto de encuentro: barra de la Tasca Barea, en la esquina de la calle de Rodas con Embajadores.
Comenzaremos las fiestas visitando la calle del Oso, una de las más engalanadas, populares y castizas de Madrid. Sus vecinos ofrecerán su tradicional limonada gratuita, mientras la música y las decoraciones transforman la calle en una auténtica verbena madrileña.
Después realizaremos un recorrido por algunos de los principales puntos de las fiestas de San Cayetano. Hemos elegido el martes porque será, previsiblemente, la tarde menos concurrida y nos permitirá disfrutar del ambiente con mayor tranquilidad.
Miércoles 5 de agosto — De 19:30 a 1:00 h. Salsa y cumbia desde Big Tree
Lugar: Big Tree Books, calle de Dos Hermanas, 17.
Happening Madrid y DJ Chamo llenarán la calle de salsa, cumbia y ritmos tropicales para bailar durante toda la noche.
Una sesión abierta, festiva y callejera desde Big Tree, en pleno corazón de las fiestas de San Cayetano. Música para dejarse llevar, conocer gente y convertir la verbena en una gran pista de baile.
Jueves 6 de agosto — 21:00 h. Soleá Morente en la plaza del General Vara de Rey
Punto de encuentro: barra de Los Tiernos, en la esquina de la calle de Toledo con la calle de la Ruda.
Nos reuniremos a las 21:00 h para acudir juntos al concierto de Soleá Morente, previsto a las 21:30 h en la plaza del General Vara de Rey.
Hija de Enrique Morente y una de las artistas más singulares de la música española contemporánea, Soleá combina flamenco, pop, rock alternativo y experimentación. Será, probablemente, una de las actuaciones más interesantes de estas fiestas.
Viernes 7 de agosto — 20:30 h. Procesión de San Cayetano y fin de fiesta
Punto de encuentro: Cervecería Zeppelin, calle de la Ribera de Curtidores, 10.
La procesión de San Cayetano es una de las manifestaciones más singulares del casticismo madrileño: chotis, chulapas, mantones, barquillos y devoción popular recorriendo las calles del barrio.
Nos encontraremos a las 20:30 h para contemplar la procesión y sumergirnos en ese Madrid popular que todavía conserva sus tradiciones. Después continuaremos juntos disfrutando del ambiente y del fin de fiesta de San Cayetano.
Cuatro días, cuatro experiencias diferentes y una misma invitación: vivir las fiestas desde la calle, compartiendo música, baile, tradición y nuevas amistades.
Todos las experiencias Happening son gratuitas en las fiestas de San Cayetano 2026
Por sexto año consecutivo organizamos esta sencilla excursión semi nocturna con la luna casi llena mientras escuchamos un concierto en un lugar privilegiado junto a la Ermita de la Virgen de la Peña Sacra en Manzanares el Real a las puertas de La Pedriza. Será la luna llena del ciervo y será una noche mágica.
El próximo 1 de agosto es sábado y haremos una excursión con concierto en Manzanares El Real. La excursión será de unos 5 kms (3 kms a la ida y 2 kms a la vuelta). El concierto tendrá lugar en un paraje impresionante junto a la Ermita de la Virgen de la Peña Sacra en Manzanares el Real en la entrada a La Pedriza.
Quedamos junto a la puerta de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en donde se sitúa la terraza de Casa Goyo (Pl. del Sagrado Corazón, 1, 28410 Manzanares el Real)
La excursión partirá del centro de Manzanares el Real. El punto de encuentro será junto a la puerta de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en donde se sitúa la terraza de Casa Goyo (Pl. del Sagrado Corazón, 1, 28410 Manzanares el Real)
El punto de encuentro está muy cerca de la Plaza del Pueblo, y del Castillo de los Mendoza.
En la excursión de ida saldremos desde el centro del pueblo de Manzanares el Real por la calle Real hasta llegar al Puente Viejo (o Puente de la Cañada Real) en donde cruzaremos el Río Manzanares y llegaremos al Castillo Viejo, cuya parcela dejaremos a la izquierda mientras nosotros seguimos por la Calle de la Peña Sacra hasta llegar a una bocacalle a la derecha que nos lleva al Molino de los Frailes de Cura y a la ribera del Manzanares en un precioso lugar en donde veremos un Puente sobre el Manzanares que cruzaremos, ya en la otra orilla seguiremos a la izquierda por el camino por la ribera hasta entroncar con la Carretera de La Pedriza que discurre paralela. Seguiremos andando por esta vía hasta llegar al Parking de la calle el Tranco, donde tras seguir unos metros por la Calle del Tranco cogemos a la izquierda la Calle de los Virgen de los Peligros para volver a cruzar en un puente sobre el Manzanares y luego tras coger laCalle de la Virgen de la Peña, dejando a la izquierda la calle de la Virgen de los Peligros, vamos en ascenso hasta llegar a la Ermita de la Peña Sacra. Un total de 3kms que haremos tranquilamente en una hora parando y disfrutando del paisaje y del atardecer.
En este enlace podréis ver el recorrido marcado en wikiloc
El regreso lo haremos bajando directamente por el Camino de la Peña Sacra y posterior calle hasta llegar a la Calle Real en unos 2 kms aproximadamente que haremos en una media hora.
El punto de encuentro será junto a la puerta de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en donde se sitúa la terraza de Casa Goyo (Pl. del Sagrado Corazón, 1, 28410 Manzanares el Real) a las 20:45h
Comenzaremos a excursión sobre las 21:15h.
El 1 de agosto el sol se pondrá a las 21:29 y con la luz crepuscular tendremos luz hasta las 22:00h
Realizaremos los 3 kms con paradas y tardaremos aproximadamente una hora en llegar con lo que llegaremos a la Ermita de la Peña Sacra sobre las 22:15h. Saldremos con la luz del sol y llegaremosya de noche.
Primero cenaremos allí las viandas que nos llevemos y el concierto comenzará sobre las 23:00h. Antes y después del conciertos os pondremos música para danzar.
Comenzaremos el regreso sobre la 1:15h para aquellos que quieras volver pronto a Madrid y a las 2:00h estaremos en el punto de partida.
Da tiempo sobrado para todos aquellos que quieran volver en transporte público ya que el autobús sale a las 2:20h.
Para los que quieran quedarse en este bonito paraje a ver las estrellas el mejor momento es sobre las 3 de la madrugada.
La luna llena
Este primer plenilunio del verano se alcanzará el miércoles 29 de julio.
El sábado 1 la luna saldrá a las 22:56 con un porcentaje de iluminación del 89%.
La luna llena de julio se llama «luna del ciervo» porque coincide con la época del año en que los ciervos machos comienzan a desarrollar sus nuevas astas. Este nombre proviene de las tradiciones de las tribus nativas americanas, que asignaban nombres a las lunas llenas para seguir las estaciones y los eventos naturales.
El concierto de Lycantho & Friends
Correrá a cargo de Lycantho & Friends. Temas propios y otros conocidos de Funk, Bossa, Soul, Pop para disfrutar de una noche estupenda.
Lycantho, músico, compositor y bailarín originario de Kinshasa (Republica Democrática del Congo), nació el 27 de abril de 1981. Su biografía profesional es la historia de una vocación por las artes escénicas, la música y la danza. Comenzó su andadura musical en la propia Kinshasa como bajista, pero su impulso profesional tuvo lugar en 2006, en Nueva Delhi (INDIA), formando parte del grupo TONNERRE, en el que desarrollaba diferentes estilos de música, desde lo más africano hasta los estilos más occidentales y afroamericanos; llegando a adquirir cierta notoriedad y popularidad en la comunidad afro-india, a través de la Televisión Headlines Today. Lycantho ha vivido en múltiples lugares del mundo, esta experiencia le ha dejado un bagaje cultural extraordinario que él ha sabido trasladar a su música consiguiendo así un sonido súper particular. Es además un cantante singular y con un timbre de voz muy agradable. En la actualidad reside en Madrid, donde lleva su propio proyecto artístico que encuentra su definición en la World Music, Afro y Funk.
Lycantho domina varios idiomas que también aplica a su música (Inglés, Francés, castellano, Lingala…). Lycantho destaca por la calidad de sus directos; siempre acompañado de una banda de músicos de primera línea, él propone un espectáculo muy variado, animado y participativo donde cada uno encuentra lo suyo. Su empatía y facilidad de conectar con su público, hace que un show de Lycantho no deja a nadie indiferente, más aun si hay que añadir su sentido del humor muy particular. Debido a su deseo de romper con todas las fronteras que existen en la música, su estilo, siempre ha sido llegar a una fusión perfecta entre los estilos occidentales, africanos, asiáticos o del resto del mundo, y lo emocionante es que lo consigue.
Aquí lo podíes escuchar en una preciosa interpretación acústica de su tema Pourquoi la guerre
Pourquoi la guerre. Lycantho. 29 de Abril de 2023
Aquí tenéis un enlace con el concierto de Lycantho al que fuimos en Clamores en Septiembre de 2016:
Aquí tenéis enlaces en donde podéis escucharlo:
La ermita de la Peña Sacra
La Ermita de la Peña Sacra se sitúa en un mágico paraje sagrado en donde se rinde culto desde hace milenios combinando espiritualidad con la belleza del entorno natural. La ermita se encuentra en el hermoso e histórico pueblo madrileño de Manzanares el Real. Ubicada en lo alto de una enorme peña rocosa en un entorno majestuoso e impresionante se encuentra este lugar de gran importancia histórica y religiosa en el pueblo de Manzanares.
El edificio que alberga a la ermita
La actual ermita data de finales del siglo XV cuando esta villa tenía su máximo esplendor. No es la primera ya que se ubica sobre los restos de otra construida con anterioridad en los siglos XII o XIII. A la construcción actual de finales del siglo XV y principios del XVI se le fueron adosando dependencias posteriores en el siglo XVII.
La ermita sufrió in incendio muy grave en 1769 durante la celebración de su festividad. El incendio lo provocó la falta de cuidado con las velas que rodeaban a la Virgen. Se salvó únicamente la sacristía quedando el edificio sin torre, techumbre, ni imágenes sagradas. En la época actual también ha sufrido avatares y durante la Guerra Civil se destruyó parcialmente y desapareció la imagen de la Virgen.
Lugar de culto milenario
La ermita de la Peña Sacra alberga una imagen sagrada muy venerada por los habitantes de la zona. Actualmente la imagen de la Virgen de la Peña Sacra es una copia de la original que desapareció a excepción del niño que si conserva su antigüedad. Cada año, numerosos peregrinos y fieles se acercan a este lugar para rendir homenaje a la imagen y participar en diversas celebraciones religiosas.
El origen del culto sagrado en este paraje se aleja en el tiempo con antecedentes anteriores al cristianismo que llegan hasta la época de los celtas y druidas. El culto cristiano actual es sucesor de los cultos indoeuropeos del i milenio a. C. que se realizaban al aire libre.
En cuanto al culto cristiano, la falta de documentación anterior al siglo XVI hace difícil predecir cuando tuvo su comienzo, alcanzando gran importancia hasta el siglo XVIII.
Las impresionantes vistas
Desde la peña en donde se encuentra la Ermita de la Peña Sacra podemos ver unas vistas panorámicas excepcionales de los paisajes circundantes tanto de La Pedriza como de Manzanares el Real.
Para ir y volver en autobús
En el autobús 724. Tarda 45’ minutos en llegar a Manzanares El Real. Hay que bajarse en la parada con código 09107. Manzanares el Real – Iglesia.
Hay que coger el autobús en el Intercambiado de Plaza de Castilla. En el nivel -3. Dársena 26. Sale a las 19:45h.
El regreso se realiza en el mismo autobús. La parada está enfrente de donde nos ha dejado antes. Código 17328. Manzanares El Real Iglesia. El autobús sale a las 2:20h y lega a Madrid a las 3:00h
Las máximas esperadas en Manzanares el Real para el sábado son de 36º. En la madrugada del domingo la temperatura bajará hasta los 20º. La temperaturas que previsiblemente tengamos oscilarán entre los 29º al comienzo y los 22º que tendremos en la Ermita sobre la 1 de la madrugada.
El tiempo será preferentemente soleado con alguna nube.
El viento será de intensidad muy moderada
Notas acerca de la excursión
Hay que llevar calzado adecuado para caminar. Con calzado deportivo bastaría.
La ruta es de nivel básico. Hay que andar 5kms (3kms a la ida y 2 kms a la vuelta)
Es deseable (pero no imprescindible) llevar linterna frontal para la noche
Si queréis aprovechar para ver las estrellas es bueno que os bajéis alguna aplicación móvil como Skyview Lite
Durante el paseo disfrutaremos de unas preciosas vistas de La Pedriza. Llevaros cámara si es posible.
Cenaremos lo que nos llevemos. Podremos compra agua y comida a la salida de la excursión en el pueblo
Iremos despacio y disfrutando del camino, sin prisas.
Llevaros esterilla para tumbarse.
Llevaros algún cortavientos porque, aunque estamos en pleno julio es previsible que baje la temperatura
Precio de las excursión y concierto
El precio es 15€ (10€ para socios Happening Madrid). El precio incluye la excursión y el concierto. Las reservas y pagos se explican en el siguiente apartado:
Esta es la tercera vez que organizamos este concierto y excursión en agosoto. La primera vez fue el 13 de agosto de 2021 que coincidió con viernes y con el máximo esplendor de las Perseidas. Por este motivo el evento lo llamamos
Terrorífica excursión en viernes 13. Perseidas Asesinas y Concierto en la Ermita de la Peña Sacra en Manzanares el Real.
En caso de que queráis quedaros a dormir en Manzanares el Rea aquí os dejo una referencias.
Un lugar barato en el centro
El Hostel La Pedriza (C/Real, 12) se encuentra en el centro de Manzanares El Real, muy cerca del punto de encuentro en donde empezamos y acabamos la excursión.
Se puede dormir desde 25€ (y con desayuno incluido) en una habitación compartida de hasta 8 personas mixta o solo para chicas.
Cada habitación dispone de baño privado, taquillas, luz de lectura, calefacción, wifi y luz natural.
Cerca de la Ermita Peña Sacra se encuentra esta casa rural que es estupenda para pasar una noche, se llama El Mirador de la Maliciosa y se encuentra en la Avenida de La Pedriza, nº 60. Es apta hasta para 10 personas y cuenta con 4 habitaciones. Las acogedoras habitaciones son de madera. Cada habitacón dispone de calefaccion, aire acondicionado, baño completo, tv, internet, y una nevera de zona comunes. La casa tiene unas bonitas vistas a la Peña Sacra.
Si después de la excursión, concierto y pequeña sesión tenéis ganas de seguir de fiesta podéis seguir en La Huerta (C/ Colmenar, 15). Está en el centro y estará abierto hasta las 3 de la madrugada.
Vallekas, puerto de mar: tapeo, Batalla Naval, música en directo, la final del Mundial y una noche abierta a todas las posibilidades
Domingo 19 de julio de 2026 · Desde las 15:00 h · Puente de Vallecas
Como cada año por fin llega el domingo más divertido de julio, el de la Batalla Naval de Vallekas y este año además viene con algo especial: España en la final del mundial. Cerraremos la semana sumergidos en un mundo entero de diversion y alegria: Comenzaremos tapeando en la Plaza Vieja, nos embarcaremos en la Batalla Naval de Vallekas, escucharemos música en directo en La Bombonera y veremos a España disputar la final del Mundial. Quien todavía conserve energía podrá continuar la noche entre conciertos, jam session y fuegos artificiales.
Vallekas no tiene mar, pero sabe navegar
La Batalla Naval nació a comienzos de los años ochenta, cuando el calor, las bocas de riego y la imaginación popular convirtieron el Bulevar de Peña Gorbea en un puerto imposible. Desde entonces, la proclamación de «Vallekas, puerto de mar» es mucho más que una broma veraniega: es una celebración colectiva, irreverente y profundamente barrial, donde la fiesta, la participación y la reivindicación avanzan empapadas por las mismas calles.
En 2026, la Batalla Naval vuelve a cerrar las Fiestas del Carmen y coincide con la programación autogestionada de La Karmela. Eso significa que durante la tarde habrá varios focos de actividad al mismo tiempo. Nuestro recorrido elige una ruta concreta para que el grupo pueda permanecer unido, pero también deja abiertas alternativas para quienes prefieran quedarse en los conciertos del parque Javier de Miguel o acercarse al recinto ferial de Payaso Fofó.
El recorrido de Happening, hora a hora
HORA
PARADA
QUÉ HAREMOS
15:00
Encuentro en la Plaza Vieja
Nos reuniremos en la Cafetería Queen’s, en la plaza de Puerto Rubio, 30. Será el momento de presentarnos, tomar algo y comenzar la jornada sin prisas.
15:00–16:10
Tapeo y preparativos navales
Recorreremos los bares de la plaza y prepararemos el material para la batalla. Conviene comer algo, beber agua y proteger el móvil antes de entrar en combate.
16:10
Salida hacia Peña Gorbea
Nos moveremos con tiempo hacia el Bulevar para evitar llegar cuando el pregón ya haya comenzado y la zona esté completamente tomada.
16:30
Pregón e inicio de la Batalla Naval
Comienza oficialmente la navegación. El recorrido se desarrolla desde el Bulevar de Peña Gorbea hasta la calle Payaso Fofó.
16:30–18:00
Travesía acuática por Vallekas
Seguiremos el avance de la flota entre pistolas de agua, cubos, charangas, disfraces y vecinos que se suman desde las aceras y los balcones.
18:00–19:00
Supercombate en la Zona Húmeda
Entraremos en el tramo más intenso de la batalla, en el entorno de Payaso Fofó y las pistas del parque Javier de Miguel. La programación oficial continúa hasta las 19:30, pero comenzaremos a reagruparnos antes para llegar a La Bombonera.
19:00–21:00
Jam Session en La Bombonera
Nos trasladaremos a La Bombonera de Vallekas, en la calle del Monte Perdido, 148. Allí podremos secarnos, tomar algo, descansar y disfrutar de música en directo.
21:00
España disputa la final del Mundial
La selección española jugará la final de la Copa del Mundo. Veremos el partido juntos en La Bombonera. El encuentro puede terminar alrededor de las 23:00, pero una posible prórroga o tanda de penaltis alargaría el horario.
Después del partido–02:00
Regreso de la jam y celebración
Cuando termine la final volverá la música. Si España gana, será fiesta; si pierde, la jam servirá como terapia colectiva, que tampoco es poco.
00:00
Fuegos artificiales, plan opcional
El cierre oficial de las Fiestas del Carmen será en el mirador del Cerro del Tío Pío. La asistencia dependerá de la duración del partido y de si el grupo prefiere continuar en La Bombonera.
Te puedes hacer socio de Happening Madrid por 50€ al año (a contar el año desde el día del pago). Los pagos se hacen en las formas antes indicadas.-
La tarde musical: varias fiestas dentro de la misma fiesta
Nuestro itinerario principal nos llevará a La Bombonera a partir de las 19:00. Sin embargo, el barrio ofrece otras programaciones simultáneas que conviene conocer antes de elegir dónde permanecer después de la Batalla Naval.
Conciertos de La Karmela — parque Javier de Miguel, desde las 18:30 h
La programación autogestionada anuncia los conciertos gratuitos de Ebri Knight, Riada, Awakate y Nerve Agent. El cartel combina folk-punk, rock combativo, mestizaje y electrónica punk, y prolonga el carácter político y popular de La Karmela. Es la alternativa natural para quienes quieran quedarse en la zona de la batalla en lugar de desplazarse inmediatamente a La Bombonera.
Conciertos de las Fiestas del Carmen — recinto ferial de Payaso Fofó
A las 20:30 h actuará Este Madriz con su tributo a Leño. A las 22:00 h será el turno de la Banda del Capitán Inhumano, formada por excomponentes de Los Inhumanos. Ambos conciertos coinciden con nuestra jam y, sobre todo, con la final del Mundial, por lo que quedan planteados como alternativas individuales y no como paradas del recorrido común.
¿Y las sesiones DJ del domingo? Habra una convocatoria de música techno desde las 17:00 h en el parque Juan José García Espartero, pero no aparece en los programas impresos oficiales. Por prudencia, debe considerarse una actividad pendiente de confirmación el mismo día.
La Bombonera: música, descanso y refugio después del agua
La Bombonera de Vallekas, en la calle del Monte Perdido, 148, será nuestro punto de reunión para la segunda parte del domingo. Está a pocos minutos de Portazgo y del entorno de Payaso Fofó. Después de casi tres horas de batalla, no será únicamente un escenario musical: será también el lugar donde cambiarnos o secarnos, reponer fuerzas, pedir una consumición y recuperar al grupo antes del partido.
La jam se desarrollará a partir de las 19:00h
La final de la Copa del Mundo
Buscaremos un lugar para ver la Copa del Mundo. Todavía por decider.
Apoteosis Final
Cuando termine la final volverá la música. Si España gana, será fiesta; si pierde, la jam servirá como terapia colectiva, que tampoco es poco.
Qué llevar para sobrevivir dignamente a la navegación
• Ropa ligera y de secado rápido. No es el día de estrenar nada que apreciemos demasiado.
• Calzado cerrado y antideslizante. Las chanclas pueden resultar incómodas o peligrosas entre tanta gente y suelo mojado.
• Funda impermeable para el móvil y la documentación. Una bolsa de cierre hermético puede evitar una tragedia tecnológica.
• Pistola de agua, pulverizador o cubo pequeño. Los globos de agua están desaconsejados por la organización porque generan residuos y pueden causar golpes.
• Gorra, protección solar y agua para beber. Mojarse no sustituye a hidratarse; julio en Madrid no negocia.
• Una camiseta y calcetines de repuesto. Especialmente recomendables para entrar después en un local y permanecer varias horas.
• Paciencia y espíritu de grupo. Habrá mucha gente, ruido, calles cortadas y momentos en los que avanzar será más parecido a navegar que a caminar.
Una jornada intensa, no una carrera de obstáculos
Este planning propone un hilo conductor, pero no pretende convertir las fiestas de Vallekas en una lista de tareas que haya que tachar. Habrá momentos en los que el grupo avance con lentitud, personas que prefieran quedarse en los conciertos de La Karmela y otras que necesiten salir antes de la batalla. Lo importante será mantener dos referencias claras: el encuentro inicial en la Plaza Vieja y la reunión posterior en La Bombonera.
La jornada reunirá varias formas de celebrar Madrid: el tapeo de barrio, la fiesta popular, la música autogestionada, el rock urbano, la emoción colectiva del fútbol y los fuegos artificiales sobre el Cerro del Tío Pío. No podremos estar en todos los lugares a la vez, pero sí podremos construir un recorrido memorable. Y, tratándose de Happening, esa es siempre la verdadera medida del éxito.
Cómo llegar y moverse por el barrio
El transporte público será la opción más sensata. La estación de Metro de Portazgo, en la línea 1, queda cerca del recinto ferial de Payaso Fofó y a unos minutos a pie de La Bombonera. También dan servicio a la zona los autobuses 54, 58, 136 y 144. Durante la Batalla Naval habrá una gran concentración de público y pueden producirse cortes o desvíos, por lo que no conviene depender del coche ni fijar tiempos de desplazamiento demasiado estrictos.
Quien llegue tarde podrá incorporarse directamente en dos puntos fáciles de reconocer: el entorno del Bulevar de Peña Gorbea durante la batalla o La Bombonera a partir de las 19:00. Para no perder al grupo en el tramo más concurrido, recomendamos avisar antes de separarse y conservar seca la batería del teléfono. A medianoche, el Ayuntamiento habilitará durante los fuegos artificiales un espacio destinado a menores con hipersensibilidad auditiva o sensorial y a sus familias.
DATOS ESENCIALES Fecha: domingo 19 de julio de 2026 Encuentro: 15:00 h · Cafetería Queen’s · Plaza de Puerto Rubio, 30 Batalla Naval: 16:30–19:30 h · Bulevar de Peña Gorbea → Payaso Fofó La Bombonera: calle del Monte Perdido, 148 Final del Mundial: 21:00 h Fuegos artificiales: 00:00 h · Cerro del Tío Pío
Fuentes de programación consultadas
• Programa oficial de las Fiestas del Carmen de Puente de Vallecas 2026: Ayuntamiento de Madrid
• Programación de las Fiestas de La Karmela 2026: Mercadeo Pop
¿Te apetece exprimir al máximo el sábado con un plan que lo tiene todo? Te proponemos una experiencia que combina naturaleza, historia, picnic al atardecer y música en directo en uno de los barrios más animados de Madrid.
Empezaremos con el recorrido de la Senda Botánica de Casa de Campo, seguiremos con un cena picnic junto al Puente de la Culebra y cerraremos la noche en las Fiestas de Aluche con los conciertos de Jaime Urrutia y Ele B
Punto de encuentro: 20:00 h en la salida de Metro Lago, línea 10.[1]
Excursión: Cómodo paseo de 4kms en terreno llano y sin desnivel en la ida. De vuelta 2kms hasta <M> o Fiesta de Aluche
Qué llevar:Calzado cómodo, algo de cena o picoteo, agua, mantita o pareo para tumbarse
Planning
20:00 h — Quedada y presentaciones en la salida del Metro Lago
20:15 h a 22:00 h — Paseo por la Senda Botánica al atardecer, aprovechando la luz del atardecer
22:00 h — Picnic nocturno junto al Puente de la Culebra, en un entorno histórico y tranquilo.
23:00 h — Traslado al recinto ferial de Aluche. (o al <M> Casa de Campo aquellos que ya se vayan)
23:30 h — Concierto de Jaime Urrutia.
01:30 h — Actuación de Ele B y cierre de fiesta.
Un plan de sábado en la noche que combina excursión sencilla, picnic y concierto: empezamos recorriendo la Senda Botánica de Casa de Campo al atardecer, cenamos junto al Puente de la Culebra y terminamos la noche en las Fiestas de Aluche con los directos de Jaime Urrutia y Ele B.
La Senda Botánica de la Casa de Campo es uno de los secretos naturales mejor guardados de Madrid; un itinerario lineal y llano de unos 4 kilómetros que sigue el curso del arroyo Meaques. A diferencia de los característicos paisajes secos del parque, este recorrido destaca por un frondoso «bosque de galería» o de ribera. Caminar por esta senda ofrece un oasis de frescor donde los sauces, olmos y grandes fresnos de hoja estrecha crecen gracias a la humedad del agua, sirviendo además de refugio para la fauna local y regalando estampas espectaculares, especialmente con los tonos dorados del otoño.
El gran tesoro de esta ruta es que funciona como un museo vivo, albergando la mayor concentración de Árboles Singulares catalogados de la Casa de Campo. Estos ejemplares están protegidos por la Comunidad de Madrid debido a su imponente envergadura, rareza climática o extrema longevidad. Sobreviviendo al paso de los siglos y a temporales históricos, estos gigantes de la naturaleza se convierten en paradas obligatorias para los senderistas que buscan conectar con el Madrid más ancestral.
Entre los ejemplares más ilustres destaca el majestuoso Roble del Puente de Hierro, una rareza botánica de más de 250 años que supera los 25 metros de altura y que prospera en pleno suelo madrileño gracias al arroyo. A su lado, la Encina del Puente de Hierro compite en espectacularidad con sus 350 años de edad y una copa gigantesca de 24 metros de diámetro. Tampoco se queda atrás la bellísima Encina del Puente de la Culebra (de unos 300 años), situada estratégicamente junto a la famosa obra barroca de Sabatini.
Completando este catálogo de monumentos vivos encontramos la robusta Encina del Trillo, famosa por un imponente tronco de más de 4,5 metros de perímetro, y la Encina de la Venta del Batán, cuyos más de dos siglos de historia han dado sombra a generaciones de madrileños. En definitiva, la Senda Botánica no es solo un paseo agradable para desconectar del asfalto, sino una lección de historia ecológica e idílica que demuestra que la naturaleza más pura puede florecer a escasos metros del centro de la ciudad.
El Puente de la Culebra
El Puente de la Culebra es, sin duda, el gran hito arquitectónico de la senda y una de las joyas monumentales más fascinantes de la Casa de Campo. Construido en 1782 bajo el reinado de Carlos III, este puente barroco fue diseñado por el célebre arquitecto italiano Francisco Sabatini. Su objetivo original distaba mucho del uso público actual: en aquella época, la Casa de Campo era un real sitio de acceso exclusivo para la monarquía, y el puente se edificó para conectar de forma palaciega los caminos de caza reales y embellecer los jardines por los que paseaba la corte, cruzando de manera elegante el arroyo Meaques.
Lo que verdaderamente lo hace único y le otorga su curioso nombre es su singular diseño ondulante. Sabatini, rompiendo con las líneas rectas tradicionales, dotó a los pretiles y a la estructura del puente de una silueta sinuosa que serpentea de un extremo al otro, imitando el movimiento de una culebra. Construido combinando el ladrillo rojo visto con la piedra de granito en sus detalles, el puente destaca también por sus llamativos remates en forma de volutas barrocas. Cruzarlo durante la ruta no solo es un respiro en el camino, sino un auténtico viaje en el tiempo que fusiona a la perfección la ingeniería del siglo XVIII con el paisaje natural del arroyo.
Precio y reservas
Precio de la excursión: 5 €.
Gratis para socios de Happening Madrid.
Reservas en Entradium: insertar aquí enlace de Entradium.
Información y reservas por WhatsApp: Ángel – 640 743 115.
Una lectura del alcohol como dolor, memoria y derrota dentro de la música country
¿Qué es una Whiskey Song?
En el country hay una tradición muy seria de hacer canciones sobre gente que bebe para no pensar. O para pensar peor. O para pensar justo lo que no debería. El alcohol deja de ser accesorio de bar o excusa para levantar el vaso y brindar con cara de anuncio para aparecer como lo que tantas veces es en la vida real: una estrategia bastante mala para aguantar el dolor.
El vaso, la botella, el whiskey, el bourbon, el vino barato o la última copa no están para decorar la escena. Están para decir que alguien ha perdido algo, no sabe cómo decirlo y ha decidido anestesiarse con lo primero que tiene a mano. A este tipo de canciones, dentro del género, podemos llamarlo Whiskey Songs.
No es un subgénero oficial. Nadie va por ahí con un cartel diciendo “esto es Whiskey Song” como si fuera una etiqueta de supermercado. No funciona como honky-tonk, bluegrass o outlaw country. Es más bien una forma de leer ciertas canciones: temas donde el alcohol, la noche, la resaca y la memoria amorosa van de la mano y se reparten el trabajo sucio.
Su raíz está muy cerca del honky-tonk, esa parte del country que se hizo fuerte en los años cuarenta con nombres como Ernest Tubb y Hank Williams. Ahí ya estaba todo: bares, carretera, derrota, amores rotos y personajes que no sabían si iban a casa o a hundirse un poco más. El honky-tonk tiene ese encanto tan especial de sonar alegre mientras cuenta desgracias. El country es muy de hacer eso: ponerle brillo a la tragedia para que entre mejor.
Las Whiskey Songs salen de ese mundo, pero van un paso más allá. No se limitan a cantar la tristeza. Cuentan qué hace alguien con esa tristeza cuando ya no le cabe dentro. Y casi siempre la respuesta es mala: beber.
El country siempre ha tenido una relación rara con la bebida. A veces la celebra, sí. Pero en sus mejores canciones la botella no es una fiesta: es un espejo. Uno que devuelve una cara que no apetece mirar. El personaje bebe y no se libera. Al contrario: se ve con más claridad. O peor. Porque a veces el alcohol no borra nada; solo baja el volumen de la vergüenza durante un rato.
Por eso estas canciones importan. Porque condensan casi todo lo que hace fuerte al country: la pérdida amorosa, la culpa, la soledad, el fracaso personal, la vida de bar, la noche como espacio moral, la resaca como castigo y la memoria como una pesadilla con botas.
El country, cuando funciona, no convierte la tristeza en una idea abstracta y bonita. La baja al suelo. La pone en una barra, en una habitación de motel, en una llamada a deshora o en una botella vacía que ya no hace ningún milagro. Ahí está su fuerza. Habla de cosas enormes con objetos pequeños. Muy pequeños, de hecho. Tan pequeños como una copa mal pedida.
Y el whiskey, en todo esto, no es solo una bebida. Es un personaje más.
A veces promete olvido. A veces empuja a llamar a quien no se debe. A veces convierte la dignidad en humo. A veces sirve para aguantar una noche más. A veces ni siquiera llega a eso.
Una Whiskey Song es una canción, principalmente dentro del country, honky-tonk, bluegrass, outlaw country, americana o country contemporáneo, en la que la bebida, el bar, la noche, la resaca o la memoria amorosa ligada al alcohol forman parte del conflicto de verdad. No de fondo. No de decoración. De verdad.
No basta con que una canción sea triste. El country está lleno de canciones tristes. No basta con que hable de una ruptura. También hay demasiadas de esas. No basta con que tenga pedal steel y voz quebrada, porque eso no convierte nada automáticamente en una canción sobre whiskey, igual que poner una gabardina no convierte a nadie en detective.
Para que una canción entre en esta categoría, el universo del alcohol tiene que estar dentro de la herida. La herida tiene que oler a bar cerrado, a resaca, a madrugada y a mala decisión.
Por eso una canción como “Why Not Me” de The Judds, aunque sea country y aunque hable de amor, se queda fuera. No hay bar, no hay whiskey, no hay resaca, no hay derrota ligada a la bebida. Hay emoción, sí. Pero no hay ese pulso alcohólico que define al territorio.
En cambio, canciones como “Whiskey Won The Battle” de Ashton Shepherd, “Last Call” de Lee Ann Womack o “If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will)” de George Jones son piezas mucho más nucleares. Ahí el alcohol no aparece de visita: manda.
Las reglas que ha de cumplir una Whiskey Song
Para que una canción sea una Whiskey Song de verdad, tiene que cumplir varias de estas cinco reglas. Cuantas más cumpla, más cerca está del núcleo duro del asunto.
1. El alcohol aparece de forma explícita.
La canción menciona directamente palabras como whiskey, whisky, bourbon, bottle, drinkin’, drunk, beer, wine, liquor, bar, last call, y similares. Esta es la puerta de entrada más obvia. Si la bebida está nombrada, ya hay una posibilidad. Pero ojo: mencionar alcohol no convierte automáticamente una canción en una Whiskey Song potente. También hay canciones que dicen “whiskey” y luego no saben muy bien qué hacer con él. Como invitados que llegan tarde y encima no aportan nada.
Por ejemplo, “Let Me Touch You For Awhile” de Alison Krauss menciona whiskey, pero su centro emocional está en otra parte: deseo, intimidad, consuelo. La referencia está ahí, sí, pero no sostiene la canción. En cambio, en “Whiskey Won The Battle”, el whiskey no es un detalle decorativo. Es el motor de todo el drama.
2. El alcohol funciona como herramienta emocional.
Aquí la bebida cumple una función dramática clara. El personaje bebe para olvidar, resistir, anestesiarse, no llamar, llamar, aguantar, caer o hacerse daño con estilo, que es una de las especialidades más antiguas del género. Este es uno de los criterios más importantes. El alcohol no está para ambientar. Está para actuar sobre el conflicto, aunque casi siempre fracase en el intento.
En “The Bottle Let Me Down” de Merle Haggard, la botella falla como mecanismo de olvido. Qué sorpresa. En “Drowns The Whiskey”, la idea es todavía más directa: se intenta ahogar el recuerdo en alcohol, pero el recuerdo acaba ahogando al whiskey. Esa inversión es puro country del bueno. O del malo. Depende de cuánto quieras sufrir ese día.
3. Hay bar, noche o resaca.
Muchas Whiskey Songs suceden en espacios y momentos muy concretos: un bar, una última llamada, una madrugada, una noche que se alarga más de la cuenta, una mañana de resaca, una habitación después del exceso o una barra donde el camarero ya sabe qué va a pasar. El bar en el country no es solo un lugar. Es un confesionario sin absolución. Un sitio donde la gente no va a pasar el rato, sino a rozar su propia ruina con una luz de neón bastante poco compasiva.
“Last Call” de Lee Ann Womack funciona precisamente por eso. La última llamada del bar y la última llamada emocional se confunden. Y el hombre que busca consuelo ya ha bebido demasiado como para darse cuenta de que no está pidiendo amor. Está pidiendo una prórroga.
4. La memoria amorosa aparece ligada al alcohol.
Este punto es clave. Y conviene aplicarlo con bastante severidad, porque si no todo se convierte en una sopa sentimental. No basta con que haya memoria amorosa. El country está lleno de recuerdos, rupturas y amores perdidos. Para entrar aquí, esa memoria tiene que estar claramente unida a la bebida, al bar, a la noche alcohólica, a la borrachera o a la resaca. La memoria tiene que estar mojada en alcohol. Si no, no basta.
Por eso “The Song Remembers When” de Trisha Yearwood, aunque es una gran canción sobre la memoria, no entra del todo en este grupo si no hay una relación clara con la bebida. En cambio, “If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will)” de George Jones es casi una definición del asunto: beber puede matar el cuerpo, pero la memoria de ella puede hacer algo peor. Y George Jones lo canta como si ya estuviera haciendo el inventario.
5. La bebida está unida a la derrota.
La bebida tiene que estar conectada a alguna forma de caída: derrota amorosa, humillación, dependencia, autodestrucción, soledad, pérdida de control, daño doméstico, recaída o imposibilidad de olvidar. Aquí está la diferencia entre una canción de fiesta y una Whiskey Song. No basta con beber. Hay que perder algo mientras se bebe. O después. O por culpa de eso. El country es muy bueno en convertir el desastre en canción, pero aquí el desastre no es abstracto: tiene nombre, vaso y consecuencias.
“Don’t Come Home A-Drinkin’ (With Lovin’ On Your Mind)” de Loretta Lynn es esencial por esto mismo. No canta el que bebe; canta la que pone el límite. Y eso ya cambia todo. El alcohol deja de ser romanticismo de perdedor y se convierte en conflicto doméstico, cansancio y dignidad femenina. Vamos, la realidad entrando por la puerta de atrás mientras alguien vuelve tambaleándose.
La clasificación de las Whiskey Songs
Con estas reglas, se puede hacer una especie de escala bastante útil: 5/5: Whiskey Song nuclear. 4/5: Muy sólida. 3/5: Entra con claridad, pero desde la periferia. 1-2/5: Lateral o discutible. 0/5: Fuera.
Esta escala sirve para que el concepto no se vuelva blando. Porque si todo country triste entra, entonces ya no estamos hablando de nada. Una Whiskey Song no es cualquier canción que duele. Es una canción donde el dolor pasa por el vaso. Y si el vaso no pinta nada, pues no pinta nada.
Whiskey Songs Femeninas y Masculinas
Una de las cosas más interesantes de este tema es cómo cambia según quién canta. En muchos clásicos masculinos, el hombre bebe porque ha perdido a una mujer. La botella se convierte en refugio, excusa, condena o compañía. George Jones, Merle Haggard, Gary Stewart o Willie Nelson han trabajado esa figura del hombre herido que se sienta frente al alcohol como quien se sienta ante un juez al que además le cae mal.
Pero las grandes Whiskey Songs femeninas añaden otra capa. Y ahí es donde el asunto se pone bueno. No se limitan a repetir el lamento masculino: lo corrigen, lo ensucian o lo desmontan.
Lee Ann Womack canta a la mujer que ya no quiere ser la última llamada de un hombre borracho. Ashton Shepherd canta a una mujer que bebe y aun así no consigue borrar el recuerdo. Loretta Lynn canta a la mujer que pone límites al marido que vuelve bebido. Miranda Lambert canta las luces feas de una noche donde el alcohol no tapa la grieta. Carly Pearce, en “Hide The Wine”, convierte el vino en el detonante de una posible recaída sentimental.
Ahí la temática se vuelve más rica. La Whiskey Song deja de ser solo el monólogo del borracho romántico, que ya tenía su cuota de dramatismo suficiente, y pasa a ser una anatomía más amplia del deseo, el alcohol, el poder, la memoria y la dignidad.
Las whiskey songs y la historia del country
Lo interesante es que esta temática recorre casi toda la historia del country. En el honky-tonk clásico, la barra y la botella forman parte del paisaje moral. Ernest Tubb fue una figura decisiva en esa tradición, y el Country Music Hall of Fame lo define como uno de los pioneros del honky-tonk y uno de los intérpretes más influyentes del género.
Pero las Whiskey Songs no viven solo en el pasado. El country contemporáneo ha seguido explotando este motivo con mucha eficacia. Morgan Wallen, Jason Aldean, Miranda Lambert, Carly Pearce, Jon Pardi, Midland, Jordan Davis o Ashley McBryde han actualizado la botella para llevarla a una producción más brillante, más radiofónica y más grande, pero con el mismo núcleo de siempre: se bebe para olvidar y se recuerda mejor.
La diferencia está en el sonido. El honky-tonk clásico tenía fiddle, steel guitar, piano de bar y una crudeza casi desnuda. El country actual puede llevar baterías enormes, guitarras más gruesas y ese brillo de producción que hace que todo suene como si la resaca viniera con presupuesto. Pero el mecanismo emocional sigue siendo el mismo.
La noche cambia de sonido. La resaca no.
Estas canciones importan porque dicen algo bastante incómodo: muchas veces no buscamos una solución, buscamos una pausa. Nadie bebe pensando seriamente que el whiskey va a arreglarle la vida. O casi nadie. Se bebe para retrasar el golpe. Para aplazar la memoria. Para fingir durante un rato que la cosa está bajo control.
El problema es que el alcohol puede ganar pequeñas batallas, pero rara vez gana la guerra. Aturde, calienta, empuja, duerme, desordena, hace llamar, hace caer. Pero la memoria suele esperar al final, quieta, paciente, bastante cruel. Y cuando vuelve, vuelve con factura.
Por eso estas canciones son tan potentes. Porque no glorifican del todo la botella. La muestran como lo que es dentro del imaginario country: un remedio que también es veneno, una compañía que también te deja tirado, una respuesta que al final devuelve la pregunta.
Una Whiskey Song es una canción en la que el alcohol, el bar, la noche o la resaca funcionan como catalizadores de una herida emocional. Puede haber amor perdido, culpa, deseo, soledad, memoria o caída. La clave es que esa herida pasa por la bebida.
Dicho de forma más seca: una Whiskey Song es una canción donde alguien bebe para olvidar y descubre que recuerda mejor.
Y dicho de forma más limpia todavía: la botella gana la noche; la memoria gana la guerra.
25 grandes Whiskey Songs
Os hemos seleccionado 25 temas que entran de lleno en esta clasificación de Whiskey Songs todas con una clasifición de 4 o 5. 19 canciones de 5 y 6 de 4. ¡Una selección brutal!
2008. Whiskey Won The Battle, de Ashton Shepherd, es country neotradicional con pulso honky-tonk contemporáneo; corte del álbum Sounds So Good. Está en la lista porque convierte la resaca en campo de batalla: el whiskey vence al cuerpo durante una noche, pero el recuerdo amoroso gana la guerra emocional. Es una definición casi perfecta de la Whiskey Song: botella, derrota, memoria y fracaso del olvido.
2. Last Call — Lee Ann Womack
2008. Last Call, de Lee Ann Womack, es balada country neotradicional; single de Call Me Crazy. Está en la lista porque dramatiza la llamada que llega desde el bar cuando la noche se acaba. El alcohol no aparece como fiesta, sino como excusa cobarde para volver a llamar a quien ya ha aprendido a no contestar.
2004. Whiskey Lullaby, de Brad Paisley feat. Alison Krauss, es balada country trágica con sensibilidad bluegrass; single de Mud on the Tires. Está en la lista porque lleva el motivo de whiskey, culpa y memoria hasta el extremo fatal. No habla de beber para olvidar de manera decorativa: muestra el alcohol como instrumento de desaparición moral y física.
4. Ugly Lights — Miranda Lambert
2016. Ugly Lights, de Miranda Lambert, es country-rock de raíces con tono alt-country; corte de The Weight of These Wings. Está en la lista porque sitúa la autodestrucción en la luz fea del bar, allí donde el maquillaje emocional se cae. Es una canción de lucidez nocturna: beber no embellece la herida, la ilumina sin piedad.
5. You and Tequila — Kenny Chesney feat. Grace Potter
2011. You and Tequila, de Kenny Chesney feat. Grace Potter, es balada country contemporánea con aire americana; single de Hemingway’s Whiskey. Está en la lista porque empareja a una persona y una bebida como dos adicciones difíciles de abandonar. La canción entiende el deseo amoroso como recaída: basta una copa, o un recuerdo, para volver al mismo daño.
6. Drunk Last Night — Eli Young Band
2013. Drunk Last Night, de Eli Young Band, es country-rock contemporáneo de banda; single de 10,000 Towns. Está en la lista porque pertenece al subgrupo de las llamadas borrachas. La canción narra el arrepentimiento posterior a decir, de noche y bajo los efectos del alcohol, lo que de día quizá se habría callado.
7. Drowns The Whiskey — Jason Aldean feat. Miranda Lambert
2018. Drowns The Whiskey, de Jason Aldean feat. Miranda Lambert, es country mainstream con fuerte influencia neotradicional y pedal steel; single de Rearview Town. Está en la lista porque invierte una imagen clásica: no es el whiskey quien ahoga la memoria, sino la memoria quien ahoga al whiskey. Es una formulación perfecta del fracaso alcohólico del olvido.
8. Whiskey Glasses — Morgan Wallen
2018. Whiskey Glasses, de Morgan Wallen, es country-pop de bar con base honky-tonk moderna; single de If I Know Me. Está en la lista porque usa los ‘vasos de whiskey’ como objeto literal y metáfora visual. El protagonista bebe para no ver con claridad la ruptura: el alcohol como filtro, máscara y mecanismo de negación.
9. Hide The Wine — Carly Pearce
2017. Hide The Wine, de Carly Pearce, es country-pop contemporáneo con pulso de honky-tonk ligero; single de Every Little Thing. Está en la lista porque el vino aparece como detonante de recaída ante un antiguo amor. La canción no trata la bebida como accesorio sensual, sino como peligro: si aparece él, mejor esconder la botella.
10. When I’ve Been Drinkin’ — Jon Pardi
2014. When I’ve Been Drinkin’, de Jon Pardi, es country moderno con base honky-tonk y sensibilidad californiana; single de Write You a Song. Está en la lista porque trabaja la misma escena con mayor ternura: el narrador llama cuando ha bebido, no por valentía, sino porque el alcohol baja las defensas y deja salir la nostalgia.
11. If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will) — George Jones
1981. If Drinkin’ Don’t Kill Me (Her Memory Will), de George Jones, es country clásico de bar y honky-tonk lento; single de I Am What I Am. Está en la lista porque su propio título formula la ecuación del subgénero: si la bebida no acaba con el narrador, lo hará la memoria de ella. Es una de las formas más desnudas del country de derrota alcohólica.
12. The Bottle Let Me Down — Merle Haggard & The Strangers
1966. The Bottle Let Me Down, de Merle Haggard & The Strangers, es Bakersfield sound y honky-tonk clásico; single de Swinging Doors. Está en la lista porque presenta una idea esencial: la botella, supuesta aliada del olvido, falla. El protagonista bebe para escapar de una pérdida amorosa y descubre que el alcohol ya ni siquiera cumple su promesa de anestesia.
13. There Stands The Glass — Webb Pierce
1953. There Stands The Glass, de Webb Pierce, es honky-tonk clásico de la primera edad dorada de Nashville; single publicado por Decca. Está en la lista porque el vaso se convierte en presencia dramática. La canción pone al narrador frente al alcohol como única compañía posible ante la soledad, y por eso es una raíz histórica imprescindible del territorio Whiskey Songs.
14. Hurtin’ (On the Bottle) — Margo Price
2015. Hurtin’ (On the Bottle), de Margo Price, es alt-country y honky-tonk revival; single previo al álbum Midwest Farmer’s Daughter. Está en la lista porque recupera el lenguaje de la borrachera country desde una voz femenina contemporánea, bronca y orgullosa. La botella no es paisaje: es el centro de una vida que intenta aguantar a base de exceso.
15. Sunday Mornin’ Comin’ Down — Kris Kristofferson
1970. Sunday Mornin’ Comin’ Down, de Kris Kristofferson, es country-folk de autor y proto-outlaw country; incluida en el álbum Kristofferson. Está en la lista por su retrato magistral de la resaca moral. No es una canción de whiskey literal en el título, sino de domingo después de la noche: cerveza, cabeza rota, ciudad vacía y una soledad que pesa más que la borrachera.
16. Whiskey and Country Music — Ashley McBryde
2023. Whiskey and Country Music, de Ashley McBryde, es country contemporáneo de raíces y americana mainstream; corte de The Devil I Know. Está en la lista porque une dos refugios clásicos del género, whiskey y canción country, como formas imperfectas de compañía. Funciona como una declaración de pertenencia al imaginario de barra, memoria y resistencia emocional.
17. Drinkin’ Problem — Midland
2017. Drinkin’ Problem, de Midland, es country neotradicional con aire western swing y honky-tonk elegante; single de On the Rocks. Está en la lista porque convierte el hábito de beber en rumor público y en síntoma de una pérdida privada. Su brillo retro no oculta el fondo: una tristeza que se ha vuelto costumbre de barra.
18. She’s Actin’ Single (I’m Drinkin’ Doubles) — Gary Stewart
1975. She’s Actin’ Single (I’m Drinkin’ Doubles), de Gary Stewart, es honky-tonk eléctrico, sureño y desgarrado; single de Out of Hand. Está en la lista porque condensa en una frase una escena completa: ella actúa como si estuviera libre y él duplica la bebida para soportarlo. Es country de celos, alcohol y humillación masculina en estado puro.
19. Set ’em Up, Joe — Vern Gosdin
1988. Set ’em Up, Joe, de Vern Gosdin, es country neotradicional y honky-tonk de jukebox; single de Chiseled in Stone. Está en la lista porque convierte el bar en ritual de duelo. El narrador pide otra ronda y otra canción en la máquina, intentando sostenerse con alcohol y memoria musical después de que su pareja lo haya dejado.
20. You Proof — Morgan Wallen
2022. You Proof, de Morgan Wallen, es country-pop contemporáneo con elementos de trap-country; single de One Thing at a Time. Está en la lista porque actualiza la vieja idea de beber para borrar a alguien: el narrador intenta hacerse inmune a la memoria de una ex, pero ningún alcohol consigue volverlo ‘a prueba de ella’.
21. Neon Light — Blake Shelton
2014. Neon Light, de Blake Shelton, es country mainstream de bar con producción pop-rock; single de Bringing Back the Sunshine. Está en la lista porque propone el bar como salvación provisional después de una ruptura. La luz de neón sustituye al amor perdido: no cura, pero ofrece una noche más de supervivencia emocional.
22. Drunk On A Plane — Dierks Bentley
2014. Drunk On A Plane, de Dierks Bentley, es country mainstream festivo con humor de ruptura; single de Riser. Está en la lista porque transforma el abandono sentimental en borrachera absurda: una luna de miel sin pareja, un avión como bar improvisado y la risa como forma de no derrumbarse del todo.
23. Bar None — Jordan Davis
2025. Bar None, de Jordan Davis, es country contemporáneo de barroom heartbreak; single de Learn The Hard Way. Está en la lista porque actualiza el motivo del bar como marcador de derrota amorosa. El narrador contabiliza botellas, recuerdos y puntos perdidos contra una ex que sigue ganando la partida.
24. Whiskey River — Willie Nelson
1973. Whiskey River, de Willie Nelson, es outlaw country con raíz honky-tonk y fraseo bluesy; versión de Shotgun Willie; la original fue de Johnny Bush en 1972. Está en la lista porque el whiskey se vuelve río, corriente y refugio imaginario donde intentar lavar el recuerdo. En la voz de Willie Nelson dejó de ser solo una canción y pasó a ser emblema de una vida de carretera y resistencia.
25. Whiskey And You — Chris Stapleton
2015. Whiskey And You, de Chris Stapleton, es country-soul acústico y americana de raíz; versión de Traveller; la canción ya había sido grabada antes por Tim McGraw. Está en la lista porque reduce el subgénero a una comparación devastadora: el whiskey duele, pero la persona perdida duele más. Es una de las Whiskey Songs más íntimas, sobrias y menos ornamentales.
En este post os detallamos la programación de eventos y experiencias Happening para las fiestas de San Isidro 2026. Desde Happening Madrid os hacemos una propuesta que integra la tradición castiza madrileña con elementos de ocio contemporáneo, abarcando recorridos históricos, visitas culturales, conciertos y sesiones de DJ. Nos centramos principalmente en los ejes de La Latina y Carabanchel (Pradera de San Isidro). Recorridos en grupo para socializar a través de tapeos, picnics y recorridos a pie. Es necesario reserva previa para disfrutar de estas experiencias.
Jueves, 14 de mayo: San Isidro. Dj Set en Bar Merinas y Pradera (Rubén Pozo)
Comenzamos este puente de San Isidro este jueves 14 con un plan desde el corazón del Barrio de San Isidro en Carabanchel. Ahí nos vamos al Bar Merinas (Alférez Juan Usera 42) donde nos reuniremos a las 20:30h. Allí tapearemos y veremos la sesión de Abril Zamora (@abrilzamora11) y María Maroto (@mariamarotog) Dj set. Más tarde cruzaremos el parque para llegar a la pradera para ver parte del concierto de Rubén Pozo y Los Chicos de La Curva. Este es un plan gratuito para todos.
Punto de encuentro: Bar Merinas (Calle Alférez Juan Usera 42) a las 20:30h.
Planning:
Sesión de DJ a cargo de Abril Zamora y María Maroto
Tapeo.
Paseo hasta la Pradera por el parque de San Isidro
Viernes 15 y Sábado 16 de mayo: El Paseo Castizo y Tradición
Un desayuno tardío (para no madrugar después de la noche anterior) en un lugar privilegiado de La Latina, el paseo que San Isidro hacia hace casi 1000 años para ir a trabajar, la ermita, su agua milagrosa, las rosquillas tontas, listas, los chiringuitos y tumbarse en la pradera.
Punto de encuentro: La Musa Latina (Plaza de La Paja) a las 11:30h
Planning:
12:15h Paseo de 5,5 km desde la Casa de San Isidro hasta la Pradera. Plaza del Alamillo, Viaducto, Las Vistillas (estatua de La Violetera), Puente de Segovia , Madrid Río hasta llegar a la zona de las fiestas en la Pradera de San Isidro
14:00h Ermita del Santo y Fuente de San Isidro (agua del s. XII.
14:30h Picnic en La Pradera o chiringuitos. Probaremos la típicas rosquillas tontas y listas.
Costo: 5€ (público en general). Gratuito para socios de Happening Madrid
Un plan redondo de barrio, rumba y verbena: primero el tapeo castizo en pleno Paseo del 15 de Mayo y después la rumba quinqui de los Chunguitos bajo las luces de la pradera, mezclando Vallecas, Carabanchel y todo el imaginario de las fiestas de San Isidro. La banda sonora perfecta para este plan son esos rumbones cañís que nacieron entre chabolas y calles de barrio, y que hoy siguen sonando a pandilla, litrona y baile agarrado al filo de la madrugada.
Punto de encuentro: 21:00h en el Mesón San Isidro (Paseo del 15 de mayo, 15) para tapeo y cañas.
Evento Principal: Concierto de Los Chunguitos en la Pradera a las 22:30h. La propuesta busca fusionar la memoria de la periferia madrileña con la tradición de la verbena.
Costo: 5€ (público en general). Gratuito para socios de Happening Madrid
Domingo, 17 de mayo (mediodía): Exposición Casa de San Isidro y Las Vistillas
Empezamos en la Cervecería Plaza de San Andrés a las 13:00, visitamos la exposición ‘Carteles de San Isidro. La imagen de las fiestas’ en el Museo de los Orígenes, paseamos hasta Las Vistillas para vivir la verbena y el ambiente de las barras, tapeamos por La Latina y rematamos con café y sobremesa en La Taberna Rayuela, junto al Viaducto. Un plan castizo y urbano para ver cómo ha cambiado la imagen de San Isidro… y cómo se vive hoy en la calle.
Punto de encuentro Cervecería Plaza de San Andrés a las 13:00h.
Planning
13:30h: Visita a la exposición «Carteles de San Isidro. La imagen de las fiestas» en el Museo de los Orígenes.
14:30h: Tapeo en la zona de Las Vistillas y La Latina.
16:30h: Sobremesa en Taberna Rayuela.
Costo: 5€ (público en general). Gratuito para socios de Happening Madrid
Domingo, 17 de mayo (tarde). Concierto de La Paloma en la Pradera
Un planazo de domingo para despedir San Isidro como se merece: tarde de cañas y tapas en el Paseo del 15 de Mayo y, al anochecer, el directo de La Paloma en la pradera. Un plan de barrio, guitarras y verbena: del murmullo de las barras en la calle al ruido de guitarras y estribillos coreables mirando a la ermita al fondo.
Punto de encuentro: 18:30h para Tapeo inicial en Mesón San Isidro (Paso del 15 de Mayo, 15).
20:00h: Concierto de La Paloma en la Pradera, representando la escena independiente madrileña actual en el marco de la fiesta popular
Costo: 5€ (público en general). Gratuito para socios de Happening Madrid
Como hacer el pago y la reserva de las experiencias
Siempre es necesario hacer la reserva por whatsapp al enlace https://wa.me/+34640743115 y realizar el pago del happening meetup cuando sea necesasrio (su precio está especificado en cada uno de los eventos y suele ser gratuito para socios) de una de las siguientes maneras: Bizum al nº de teléfono 640.743.115 Paypal angel.chamorro.marin@gmail.com
También te puedes hacer socio de Happening Madrid por 50€. Envía email o whatsapp y realiza el pago en una de las formas indicadas anteriormente.
Una película incómoda, carnal y trágica sobre el amor como experiencia física, la libertad sexual, la mirada masculina, la enfermedad y la fragilidad de los vínculos humanos.
En nuestro cine debate Un Conejo con Ojo proyectamos Delicias turcas, una de las películas fundamentales de Paul Verhoeven y una obra decisiva del cine neerlandés de los años setenta. Estrenada en 1973, provocadora, vitalista, sexualmente explícita y profundamente trágica, la película aborda una historia de amor atravesada por el deseo, la dependencia, la enfermedad y la muerte.
Dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada por Rutger Hauer y Monique van de Ven, Delicias turcas adapta la novela Turks Fruit, de Jan Wolkers, con guion de Gerard Soeteman. La película fue un enorme éxito en los Países Bajos y llegó a estar nominada al Óscar a mejor película de habla no inglesa.
De todo ello hablaremos en la próxima sesión de Un Conejo con Ojo: del amor como experiencia física, de la libertad sexual, de la mirada masculina, de la juventud, de la enfermedad, de la muerte y de la manera en que Verhoeven convierte una historia sentimental en una película incómoda, carnal y difícil de domesticar.
Un Conejo con Ojo es un cine debate organizado por Big Tree Books y Happening Madrid. Un espacio para ver cine desde la reflexión, el diálogo y la experiencia compartida. Un lugar donde las películas continúan después de los créditos y el público se convierte en protagonista.
Delicias turcas es una película intensa, contradictoria y muy representativa del cine europeo de comienzos de los años setenta. Parte de una historia de amor entre Eric, un joven escultor bohemio, impulsivo y sexualmente voraz, y Olga, una mujer de familia burguesa que entra en su vida con una mezcla de frescura, deseo y fragilidad.
La película se mueve entre el romanticismo, el erotismo, la comedia amarga y la tragedia. Verhoeven filma el amor desde el cuerpo: desde el sexo, la convivencia, la enfermedad, los celos, la rabia y la pérdida. No le interesa una historia sentimental limpia. Le interesa mostrar una relación en toda su dimensión física y emocional, con sus momentos luminosos y sus zonas más desagradables.
Vista hoy, Delicias turcas conserva una gran fuerza, pero también exige una mirada crítica. Su manera de representar el deseo masculino, el cuerpo femenino y la libertad sexual pertenece claramente a su tiempo. La película puede resultar incómoda, excesiva y problemática. Precisamente por eso sigue siendo interesante para el debate.
Sinopsis
Eric es un joven escultor de carácter libre, caótico y provocador. Vive al margen de las convenciones burguesas y se relaciona con el mundo desde el deseo, la rabia y la creación artística. Un día conoce a Olga, una joven vital, sensual y aparentemente más integrada en el mundo familiar y social del que él huye.
Entre ambos nace una relación apasionada, marcada por la atracción física, la convivencia, los choques de carácter y una dependencia emocional cada vez más intensa. Lo que comienza como una historia de deseo y libertad deriva hacia un vínculo complejo, doloroso y finalmente trágico, cuando la enfermedad irrumpe en la vida de Olga y transforma por completo el sentido de aquella relación.
Ficha técnica
Título original
Turks Fruit
Título en español
Delicias turcas
Año
1973
País
Países Bajos
Dirección
Paul Verhoeven
Guion
Gerard Soeteman
Novela original
Jan Wolkers
Música
Rogier van Otterloo
Fotografía
Jan de Bont
Montaje
Jan Bosdriesz
Reparto principal
Rutger Hauer, Monique van de Ven, Tonny Huurdeman, Wim van den Brink, Hans Boskamp, Dolf de Vries
Género
Drama, romance, cine erótico
Duración
108 minutos
Idioma original
Neerlandés
Tráiler
El director: Paul Verhoeven
Paul Verhoeven es uno de los cineastas europeos más provocadores y reconocibles de la segunda mitad del siglo XX. Su cine ha trabajado de forma constante sobre el sexo, la violencia, el poder, el deseo, la manipulación y las contradicciones morales de la sociedad contemporánea.
Antes de su etapa internacional con películas como RoboCop, Desafío total, Instinto básico, Showgirls, Starship Troopers, El libro negro, Elle o Benedetta, Verhoeven ya había demostrado en los Países Bajos una capacidad muy singular para combinar éxito popular, provocación formal y conflicto moral.
Delicias turcas fue una de las películas que consolidó su nombre. Su mezcla de erotismo frontal, humor salvaje, tragedia sentimental y crítica a la moral burguesa anticipa muchas de las tensiones que recorrerán su obra posterior. En Verhoeven nunca hay inocencia pura. Los personajes desean, mienten, se contradicen, se dañan y se exponen. Su cine suele incomodar porque no separa fácilmente víctimas y culpables, libertad y abuso, placer y destrucción.
Los actores
Gran parte de la fuerza de Delicias turcas procede de sus dos protagonistas. Rutger Hauer interpreta a Eric con una energía física arrolladora. Su personaje es seductor, creativo, inmaduro, posesivo y muchas veces antipático. Hauer no lo suaviza. Lo muestra como un hombre atravesado por el deseo, la rabia y una incapacidad evidente para amar sin apropiarse de aquello que ama.
Monique van de Ven encarna a Olga, personaje central de la película y objeto principal de la mirada de Eric. Su presencia combina vitalidad, sensualidad y vulnerabilidad. Es importante subrayar que la película la muestra muchas veces desde el punto de vista masculino, como cuerpo deseado, imagen idealizada y figura perdida. Esa mirada forma parte del interés de la película, pero también de sus problemas.
Ambos intérpretes debutaron en el cine con esta película, que supuso un punto de partida decisivo para sus carreras. En el caso de Hauer, la colaboración con Verhoeven continuaría en otros títulos importantes del cine neerlandés antes de su salto internacional.
La música: melancolía, jazz y libertad
La banda sonora de Delicias turcas está compuesta por Rogier van Otterloo, músico neerlandés que construye una partitura muy reconocible, situada entre el lirismo melancólico, el jazz ligero y una expresividad directa que acompaña el tono vitalista y trágico de la película. La música no funciona como simple fondo sentimental. Tiene un papel decisivo en la manera en que recordamos la historia de Eric y Olga.
Uno de los elementos más importantes de esta banda sonora es la presencia de Toots Thielemans, gran armonicista belga y figura esencial del jazz europeo. Su sonido aporta a la película una cualidad muy particular: algo entre la ligereza, la nostalgia y la fragilidad. La armónica y el silbido no subrayan la pasión de forma solemne, sino que introducen una emoción más ambigua, casi cotidiana. Hay alegría, pero una alegría que parece llevar ya dentro una sombra de pérdida.
La música acompaña especialmente bien la dimensión urbana de la película. Delicias turcas es también una película de Ámsterdam, de calles, bicicletas, talleres, interiores modestos y espacios abiertos donde los cuerpos parecen moverse con una libertad recién conquistada. La banda sonora no se limita a vestir las imágenes: les da respiración, ritmo y memoria.
Esa música tiene algo profundamente setentero, pero no en un sentido decorativo. No estamos ante una partitura de grandes gestos sinfónicos ni ante una colección de canciones utilizadas para ilustrar una época. Van Otterloo compone una música flexible, con aire jazzístico, que sabe pasar de la ligereza al drama sin romper el tono de la película. En algunos momentos parece acompañar la energía sexual y juvenil de los personajes; en otros, anticipa la tristeza que acabará imponiéndose sobre la historia.
El contraste es fundamental. La película empieza dominada por el deseo, la provocación y la exaltación del cuerpo. La música, sin embargo, introduce desde el principio una sensibilidad más vulnerable. Es como si la banda sonora supiera antes que los personajes que esa libertad no va a durar. Por eso resulta tan eficaz: no contradice la vitalidad de la película, pero la rodea de una melancolía discreta.
En Delicias turcas, la música ayuda a convertir una historia carnal y desordenada en una memoria emocional. El sexo, la risa, los celos y la enfermedad quedan atravesados por melodías que no buscan embellecer artificialmente la película, sino darle una respiración más humana. Verhoeven filma el cuerpo con crudeza; Van Otterloo le añade una tristeza luminosa. Esa combinación explica buena parte de la fuerza perdurable de la película.
Amor, deseo y cuerpo
Uno de los aspectos más llamativos de Delicias turcas es su manera de entender el amor como experiencia corporal. La película no presenta el deseo como algo decorativo o secundario. El deseo lo invade todo: la forma de mirar, de hablar, de tocar, de discutir, de recordar.
En ese sentido, la película pertenece claramente a un momento histórico marcado por la revolución sexual, la crisis de la moral tradicional y la voluntad de mostrar en pantalla aquello que durante décadas había permanecido oculto o suavizado. Verhoeven lleva esa libertad hacia un terreno incómodo. No filma el sexo como postal romántica, sino como fuerza vital, como desorden, como impulso y como conflicto.
La relación entre Eric y Olga tiene momentos de alegría, de juego y de ternura, pero también está marcada por la posesión, los celos y la desigualdad. La película permite debatir hasta qué punto el amor aparece aquí como encuentro entre dos personas libres o como una relación donde una de ellas acaba convertida en imagen, recuerdo y obsesión de la otra.
La libertad sexual y sus sombras
Delicias turcas fue recibida en su momento como una película audaz y liberadora. Su franqueza sexual rompía con muchas convenciones del cine más tradicional. Sin embargo, vista desde hoy, esa libertad necesita ser revisada.
La película habla de una época en la que el deseo se presentaba muchas veces como forma de emancipación frente a la familia, la religión y la moral burguesa. Pero también muestra, quizá sin proponérselo del todo, los límites de esa liberación. La libertad sexual no siempre implicó una verdadera igualdad entre hombres y mujeres. En muchas ocasiones, sirvió para ampliar el margen de acción del deseo masculino sin cuestionar suficientemente sus privilegios.
Por eso Delicias turcas resulta tan útil para el debate actual. No conviene verla únicamente como una celebración de la libertad. Conviene verla también como una obra que revela las contradicciones de esa libertad cuando queda atrapada en una mirada masculina dominante.
La mirada masculina
Uno de los grandes temas de la película es la forma en que Eric mira a Olga. La desea, la ama, la recuerda, la convierte en modelo artístico y la transforma en figura central de su mundo emocional. Pero esa intensidad tiene un reverso inquietante: Olga aparece muchas veces filtrada por la fantasía masculina de Eric.
La película puede leerse como una historia de amor, pero también como la historia de una apropiación simbólica. Eric no siempre ve a Olga como una persona autónoma. A menudo la ve como cuerpo, como musa, como pérdida, como prueba de su propio dolor.
Este punto es fundamental para un coloquio contemporáneo. ¿Hasta qué punto la película cuestiona esa mirada? ¿Hasta qué punto la reproduce? ¿Estamos ante una crítica del narcisismo masculino o ante una obra que participa de él? Probablemente las dos cosas conviven en la película, y ahí está buena parte de su incomodidad.
Enfermedad, fragilidad y muerte
La parte final de Delicias turcas desplaza el centro de la película. El cuerpo que antes era deseo se convierte en cuerpo vulnerable. La energía sexual del comienzo deja paso a la enfermedad, al deterioro y a la conciencia de la muerte.
El título de la película alude a los dulces turcos que Olga acepta comer cuando está enferma. Ese detalle aparentemente menor concentra una parte importante del sentido de la obra. El placer queda reducido a algo blando, pequeño, casi infantil. El cuerpo deseado se vuelve frágil. La pasión se convierte en cuidado, pérdida y duelo.
Ahí la película alcanza su dimensión más trágica. Verhoeven no abandona su crudeza, pero introduce una melancolía muy poderosa. La historia deja de ser únicamente una provocación erótica para convertirse en una reflexión sobre la desaparición de aquello que amamos.
Estreno, recepción e importancia
Delicias turcas fue uno de los grandes éxitos del cine neerlandés. Su importancia no procede únicamente de sus cifras de taquilla. Marcó una forma de hacer cine popular, adulto, provocador y frontal. Contribuyó a situar a Verhoeven como un director capaz de conectar con grandes audiencias sin renunciar al conflicto, la incomodidad y la ambigüedad moral.
También ocupa un lugar relevante en la historia cultural de los Países Bajos. La película condensó muchas de las transformaciones de su época: la ruptura con la moral conservadora, la centralidad del cuerpo, la crisis de la familia tradicional, la presencia de una juventud menos obediente y una nueva manera de representar el sexo en la pantalla.
Vista con medio siglo de distancia, la película conserva su potencia porque no ha quedado reducida a documento de época. Sigue planteando preguntas muy actuales sobre el deseo, la autonomía, la masculinidad, la memoria amorosa y la forma en que el cine ha construido históricamente el cuerpo femenino como objeto de fascinación.
Temas para el debate
En esta sesión hablaremos del amor, del deseo, de la libertad sexual, de la mirada masculina, del cuerpo como espacio de placer y fragilidad, de la enfermedad y de la muerte. También nos preguntaremos cómo vemos hoy una película nacida en plena efervescencia de los años setenta y qué aspectos siguen vivos, discutibles o incómodos.
El amor como pasión y dependencia
La relación entre Eric y Olga nace desde una atracción física inmediata. Hay deseo, impulso, fascinación y una energía vital muy fuerte. Pero esa pasión no tarda en mezclarse con la posesión, los celos y la dependencia emocional.
La película permite debatir sobre la diferencia entre amar a alguien y necesitar que esa persona sostenga nuestra propia identidad. Eric parece amar a Olga, pero también parece necesitarla como confirmación de sí mismo, como musa y como centro de su propio relato sentimental.
¿Estamos ante una gran historia de amor o ante una relación profundamente desequilibrada?
¿Dónde termina el amor y dónde empieza la posesión?
La libertad sexual y sus contradicciones
Delicias turcas fue una película muy audaz para su tiempo por la manera directa en que mostraba el sexo y el deseo. Esa libertad forma parte de su valor histórico. Sin embargo, también abre preguntas incómodas.
La película pertenece a una época en la que la liberación sexual se vivía como ruptura con la moral conservadora. Pero esa ruptura no siempre garantizó relaciones más justas. En el caso de Eric y Olga, la libertad aparece mezclada con inmadurez, egoísmo y desigualdad.
¿Qué idea de libertad sexual plantea la película?
¿La sexualidad aparece como emancipación, como conflicto o como ambas cosas?
¿Ha envejecido bien la representación del deseo?
¿Qué aspectos resultan hoy más problemáticos?
La mirada masculina y el cuerpo femenino
Olga ocupa el centro emocional de la película, pero muchas veces aparece vista a través de Eric. Es amante, musa, cuerpo deseado, recuerdo y pérdida. Esa construcción permite hablar de la mirada masculina en el cine y de cómo muchas películas han representado a las mujeres desde el deseo, la fantasía o el dolor de los hombres.
La cuestión interesante es que Delicias turcas no es una película simple. Puede verse como una obra que reproduce esa mirada, pero también como una película que deja al descubierto el narcisismo de Eric y su incapacidad para amar de forma generosa.
¿Cómo mira Eric a Olga?
¿La película concede a Olga una voz propia suficiente?
¿Verhoeven critica la mirada masculina o queda atrapado en ella?
¿Cómo cambia nuestra lectura de la película desde una sensibilidad actual?
El cuerpo: placer, enfermedad y muerte
Pocas películas muestran con tanta claridad la continuidad entre deseo y mortalidad. En Delicias turcas, el cuerpo aparece primero como territorio de placer, juego y provocación. Después se convierte en espacio de enfermedad, miedo y deterioro.
Ese tránsito es uno de los elementos más duros de la película. El cuerpo amado no puede permanecer como imagen ideal. Cambia, enferma, se debilita y desaparece. La película obliga a mirar aquello que muchas historias románticas prefieren evitar: la fragilidad física de todo vínculo amoroso.
¿Qué papel tiene el cuerpo en la película?
¿Cómo cambia nuestra percepción de Olga cuando aparece la enfermedad?
¿La película trata la muerte con sentimentalismo o con crudeza?
¿Qué relación establece entre amor, carne y pérdida?
Juventud, inmadurez y destrucción
Eric y Olga viven su relación con una intensidad muy propia de la juventud. Todo parece urgente, absoluto y definitivo. Pero esa energía también tiene algo inmaduro. Eric, especialmente, parece incapaz de gestionar el deseo, la frustración y el abandono.
La película permite hablar de la juventud como fuerza creadora y destructiva. Hay belleza en esa intensidad, pero también hay irresponsabilidad, egoísmo y daño. Verhoeven no idealiza del todo a sus personajes. Los muestra vitales, pero también torpes y crueles.
¿La película idealiza la juventud o la muestra con dureza?
¿Eric es un personaje romántico o profundamente inmaduro?
¿Puede una relación intensa ser también una relación destructiva?
¿Qué papel juega el arte en la forma en que Eric vive el amor?
La música y la memoria emocional
La banda sonora permite debatir cómo una música aparentemente ligera puede alterar la percepción de una historia áspera. El jazz, la armónica y el tono melancólico de Van Otterloo introducen una fragilidad que compensa la brusquedad de muchas escenas.
¿La música suaviza la crudeza de la película o la vuelve más dolorosa?
¿Qué aporta la presencia de Toots Thielemans al tono emocional de la obra?
¿Cómo se relaciona la banda sonora con la libertad urbana y juvenil que muestra la película?
¿Por qué algunas melodías parecen anticipar la pérdida desde el comienzo?
Verhoeven y el cine incómodo
Delicias turcas permite entrar de lleno en el universo de Paul Verhoeven. Su cine rara vez busca la comodidad del espectador. Le interesa el deseo cuando se vuelve turbio, la violencia escondida bajo la normalidad, la hipocresía social y la dificultad de establecer juicios morales simples.
En esta película ya están muchas de sus obsesiones posteriores: sexo, poder, cuerpo, provocación, ambigüedad moral y crítica a las convenciones sociales. Verhoeven no filma desde la neutralidad. Empuja las situaciones, exagera los contrastes y obliga al espectador a posicionarse.
¿Qué rasgos del Verhoeven posterior aparecen ya en Delicias turcas?
¿Por qué su cine suele resultar tan incómodo?
¿La provocación de la película tiene sentido dramático o busca simplemente escandalizar?
¿Qué lugar ocupa esta obra dentro del cine europeo de los años setenta?
Una película para el debate
Delicias turcas sigue siendo una película viva porque no se deja cerrar fácilmente. Puede emocionar, irritar, incomodar y fascinar. Puede leerse como una historia de amor radical, como un retrato de la juventud, como una película sobre el deseo masculino, como una crítica de la moral burguesa o como una tragedia sobre la fragilidad del cuerpo.
Su mayor interés para un cine debate está precisamente ahí: no es una obra cómoda ni redonda en un sentido pacífico. Tiene aristas. Tiene excesos. Tiene escenas que hoy resultan difíciles. Pero también posee una energía cinematográfica enorme y una capacidad poco frecuente para unir sexo, humor, dolor y muerte en un mismo movimiento.
Verhoeven filma el amor como una experiencia física y contradictoria. Amar, en Delicias turcas, no significa encontrar un refugio limpio frente al mundo. Significa entrar en una zona de exposición, deseo, pérdida y fragilidad. Una zona donde el cuerpo celebra, se equivoca, enferma y desaparece.
Y quizá por eso la película sigue importando. Porque debajo de su escándalo, de su erotismo y de su violencia emocional, late una pregunta sencilla y terrible: qué queda del amor cuando el cuerpo que deseamos ya no puede sostener nuestra fantasía.
Punto de encuentro y planning de la velada
El punto de encuentro será en Big Tree Books (C/ Dos Hermanas, 17) el próximo martes a las 20:00h.
Las veladas se dividirán en tres partes. La primera media hora la dedicaremos a tomar algo, a presentar la película y a conocernos. Después, a las 20:30h, tendremos la proyección. Todas las proyecciones se realizan en VOSE. Para finalizar, tendremos un coloquio que durará hasta las 24:00h.
¿Cómo será el coloquio?
Los encuentros son participativos y queremos conocer vuestra opinión para que se pueda generar un debate abierto y constructivo. No es necesario tener conocimientos de cine para participar. Lo importante aquí no es pontificar, sino compartir lo que una película nos despierta, nos sugiere o nos remueve.
A partir del tema de discusión y de lo visto en la película, las historias personales son bienvenidas. Porque el cine, cuando de verdad funciona, no se queda en la pantalla: se mezcla con nuestras propias experiencias, nuestros deseos, nuestros recuerdos y nuestras preguntas.
¿Cuánto cuesta la sesión? Reservas
El coste de inscripción a la sesión es de 5€ con debate y coloquio. La sesión es gratuita para los socios de Happening Madrid. Las plazas son muy limitadas.
Happening Madrid es una comunidad de experiencias culturales y sociales en la ciudad. Un espacio para encontrarnos a través del cine, la música, las fiestas, las conversaciones y todo aquello que hace de Madrid una ciudad vivida y compartida.
Delicias turcas (Turks fruit, 1973), dirigida por Paul Verhoeven, suele recordarse por su intensidad erótica, su energía emocional y el retrato desbordado de una relación amorosa llevada al límite. Sin embargo, una parte esencial de su fuerza nace también de su música: una banda sonora compuesta por Rogier van Otterloo, con la presencia decisiva de Toots Thielemans y del pianista Louis van Dijk, que logra una síntesis muy particular entre melodrama cinematográfico y sensibilidad jazzística.
Esta banda sonora no es jazz en estado puro, es una forma de jazz para el cine con un lenguaje hecho de lirismo, respiración, timbres íntimos y fraseo melancólico, al servicio de una narración cargada de deseo, pérdida y memoria. Esa combinación convierte a Delicias turcas en un ejemplo muy significativo del modo en que el cine europeo de los años setenta pudo apropiarse de elementos del jazz sin renunciar a la expresividad sentimental de las grandes bandas sonoras sobresalientes.
Estrenada en 1973, Delicias turcas fue uno de los grandes éxitos del cine neerlandés y consolidó internacionalmente a Paul Verhoeven antes de su salto a Hollywood. La película adapta la novela de Jan Wolkers y cuenta la historia de Erik y Olga a través de un tono que mezcla erotismo, humor físico, crudeza y tragedia romántica.
Ese marco emocional extremo exigía una música capaz de acompañar tanto la exaltación amorosa como la fragilidad más devastadora. La respuesta de Rogier van Otterloo fue una partitura muy melódica, con un fuerte componente sentimental y un espacio central para la armónica de Toots Thielemans, instrumento que aporta una textura inmediatamente humana, cercana y vulnerable.
La banda sonora de Delicias turcas supuso el debut de Rogier van Otterloo como compositor cinematográfico, y ya en este primer trabajo aparecen algunas de las cualidades que marcarían su trayectoria posterior. Su escritura no busca la espectacularidad grandilocuente, sino una expresividad muy directa, basada en melodías memorables, armonías suaves y una orquestación que deja respirar a los solistas.
Van Otterloo construye un sonido que no pertenece del todo ni al jazz ni a la música sinfónica tradicional. Trabaja más bien en una zona intermedia, donde el piano, la armónica y la cuerda conviven con naturalidad para crear una atmósfera emocional muy setentera: sensual, nostálgica y a la vez intensamente narrativa.
La gran firma jazzística de la banda sonora es Toots Thielemans, uno de los músicos europeos más influyentes del jazz del siglo XX y responsable de haber convertido la armónica cromática en un instrumento plenamente legítimo dentro del género. Su trayectoria con George Shearing, sus colaboraciones con Quincy Jones y su trabajo en bandas sonoras le habían dado ya una autoridad única para moverse entre el jazz, la música popular y el cine.
En Delicias turcas, la armónica de Toots no funciona como simple adorno tímbrico. Actúa casi como una voz interior de la película: canta la intimidad de los personajes, sostiene la melancolía de la historia y convierte muchos pasajes en una especie de confesión sentimental sin palabras. Su fraseo aporta una cualidad muy jazzística, no tanto por exhibición virtuosa como por respiración, flexibilidad rítmica y una manera de hacer que cada nota parezca cargada de emoción.
Esa es una de las grandes virtudes de la partitura: el jazz no aparece aquí como género autónomo separado del relato, sino como una manera de modelar la emoción cinematográfica. La armónica de Toots hace visible —o mejor dicho audible— la vulnerabilidad, el deseo y la pérdida que atraviesan toda la película.
Junto a Toots, el pianista neerlandés Louis van Dijk cumple una función menos llamativa pero decisiva en la arquitectura musical del film. Formado tanto en música clásica como en jazz, Van Dijk fue una figura importante de la escena holandesa, con una carrera que se movió entre el concierto, la grabación y la música aplicada.
En la banda sonora, su piano aporta el suelo armónico sobre el que se apoyan tanto la armónica como la orquesta. Esa presencia ayuda a que la música conserve una flexibilidad claramente jazzística: los acordes no solo acompañan, sino que crean un espacio de intimidad, refinamiento y suspensión emocional.
Uno de los aspectos más interesantes de esta música es que evita dos peligros frecuentes. Por un lado, no convierte el jazz en cliché de club nocturno o en simple signo de modernidad urbana; por otro, tampoco lo disuelve del todo en una orquesta impersonal. Lo que surge es una tercera vía: una música profundamente cinematográfica que conserva, sin embargo, rasgos esenciales de sensibilidad jazzística.
Esos rasgos son varios: el uso del silencio y de la respiración, el protagonismo del timbre sobre la pura densidad orquestal, la centralidad de la melodía y una cierta libertad en el fraseo de los solistas. En ese sentido, la banda sonora se acerca más a una balada emocional extendida que a una partitura de tensión dramática convencional.
La década de los setenta fue especialmente fértil para los cruces entre jazz, pop, funk, rock y música cinematográfica. En ese contexto, la partitura de Delicias turcas dialoga con una sensibilidad europea que buscaba nuevas formas de combinar sofisticación musical y acceso emocional inmediato.
Mientras en otros espacios el jazz-rock y la fusión llevaban el jazz hacia la electricidad, el virtuosismo y el groove, Delicias turcas muestra otro camino posible en la misma década: un jazz cinematizado, íntimo, lírico y narrativo. No hay aquí espectacularidad al estilo Mahavishnu o Herbie Hancock eléctrico, sino una manera de trasladar al cine el fraseo flexible, la melancolía y la sensualidad tímbrica del jazz moderno.
La película de Verhoeven alterna momentos de euforia corporal, humor excesivo y tragedia devastadora, y la música acompaña esas transiciones sin romper la unidad tonal del conjunto. La armónica y el piano funcionan especialmente bien en ese equilibrio porque pueden ser a la vez cálidos, frágiles, sentimentales y ligeramente nostálgicos.
Por eso la banda sonora resulta tan eficaz, prolongando los estados de ánimo y creando un clima donde erotismo, amor, pérdida y memoria quedan unidos por una misma respiración musical.
Aunque Paul Verhoeven declaró tiempo después que la música era una de sus partituras menos queridas, el álbum de la banda sonora funcionó muy bien comercialmente en los Países Bajos y permaneció varios meses en listas. Esa recepción sugiere que el público conectó con la capacidad de la música para condensar en pocos temas el tono sentimental de la película.
Con el paso del tiempo, la partitura ha ganado interés también por la presencia de Toots Thielemans y por su valor como ejemplo de colaboración entre músicos de jazz y cine europeo popular. Vista hoy, permite pensar Delicias turcas no solo como un clásico provocador de Verhoeven, sino también como una obra donde la música desempeña un papel decisivo en la construcción del recuerdo afectivo de la película.
La fuerza de la banda sonora de Delicias turcas está en que el jazz no aparece como adorno intelectual ni como gesto de modernidad. Se mezcla con la propia carne del relato y se convierte en una voz emocional que sostiene, matiza y amplifica la intensidad física y sentimental de la historia.
Rogier van Otterloo, Toots Thielemans y Louis van Dijk consiguen así una de esas raras fusiones donde cine y música no se limitan a convivir, sino que se potencian mutuamente. En plena década de los setenta, cuando el jazz exploraba múltiples caminos, Delicias turcas encontró uno muy singular: el de un jazz íntimo, melancólico y cinematográfico que todavía hoy sigue sonando con una fuerza extraordinaria.
“Moon River” y la armónica de Toots Thielemans en Breakfast at Tiffany’s
Antes de Delicias turcas, Toots Thielemans ya se había hecho un hueco en la historia del cine gracias a su participación en la banda sonora de Breakfast at Tiffany’s (1961), dentro de la orquesta de Henry Mancini. Allí, su armónica cromática se asocia para siempre al tema “Moon River”, aportando un color suave y melancólico que se ha vuelto inseparable de la imagen de Audrey Hepburn frente al escaparate de Tiffany’s.
“Moon River” es, probablemente, el ejemplo más icónico del sonido de Toots en el cine aportando emoción cálida y humana. Ese trabajo de 1961 explica muy bien por qué, años después, su armónica resultaba tan perfecta para una película como Delicias turcas, donde la música debía sostener, desde la intimidad, el peso emocional de la historia.
El domingo 3 de mayo nos vamos de vermut y productos ricos al aire libre. Aprovechando la nueva edición del Mercado de Productores del Planetario, hemos preparado un encuentro muy sencillo: buena compañía, algo de picar, conversación y la banda sonora perfecta para una sesión de mediodía.
Será de 13:00 a 15:00 h, con punto de encuentro a las 13:00 h en el puesto de Vermú Zarro, dentro del propio mercado. A partir de ahí, nos moveremos por los puestos, exploraremos las propuestas gastronómicas y disfrutaremos del ambiente del mercado.
Según la organización del mercado, esta edición vuelve el propio 3 de mayo, en la zona del Planetario de Madrid, con productores locales, oferta gastronómica y actividades alrededor de la cultura alimentaria.
Quedamos a las 13:00 h en el puesto de Vermú Zarro.
Nos tomamos un vermut de bienvenida, charlamos y nos presentamos.
Recorremos el mercado, probamos diferentes propuestas y compartimos recomendaciones.
Cerramos en torno a las 15:00 h, con quien quiera alargando el vermú un poco más.
No es una ruta cerrada ni un tour guiado, sino un encuentro informal para disfrutar juntas del mercado, del vermut y de la conversación. El objetivo es crear un pequeño grupo con el que sea fácil mezclarse, hablar de comida, de cultura, de barrio… y de todo lo que vaya surgiendo.
Horario, punto de encuentro y precio
Fecha: domingo 3 de mayo
Horario: de 13:00 a 15:00 h
Punto de encuentro:13:00 h en el puesto de Vermú Zarro (dentro del Mercado de Productores del Planetario)
Lugar: entorno del Planetario de Madrid, junto al Parque Tierno Galván
Precio del evento:5 €
Precio para socios de Happening Madrid:gratis
El importe del evento se destina a la organización y coordinación de la actividad (convocatoria, dinamización del grupo y acompañamiento durante el encuentro). Los socios de Happening Madrid pueden asistir sin coste adicional, como parte de las ventajas de la comunidad.
¿Dónde se encuentra el Mercado de Productores Planetario?
Se encuentra en la Avenida del Planetario esquina Calle Meneses, 28045 Madrid (Arganzuela, zona Legazpi / Méndez Álvaro, junto al Parque Tierno Galván). Se celebra bajo los techados de esa esquina, a pocos metros del IMAX y del Planetario de Madrid
Para llegar al Mercado de Productores del Planetario tienes varias opciones muy cómodas en transporte público.
Metro
Línea 6 (circular), estación Méndez Álvaro. Desde la salida de Méndez Álvaro son unos 4–5 minutos andando hasta la Avda. del Planetario esquina Calle Meneses, donde está el mercado.
Cercanías
Cercanías Renfe: estación Méndez Álvaro. Paran varias líneas de Cercanías (según el día/horario, suelen ser C1, C5, C10 u otras que pasan por Méndez Álvaro); desde la estación, mismo camino que el metro, unos 4–5 minutos a pie hasta el mercado.
Autobuses
Paradas muy cercanas al mercado o al Planetario de Madrid:
Autobuses con parada junto al mercado (Tierno Galván / Planetario – Avda. del Planetario):
148, 156, N13 (nocturno).
Autobuses con parada a pocos minutos andando (3–5 min):
8, 102, 113, 152, N11, además de las líneas que paran en Estación Sur / Méndez Álvaro.
En todos los casos, el punto de referencia es el Planetario de Madrid / Parque Tierno Galván: el mercado se monta justo al lado, bajo los techados de la Avenida del Planetario
Cómo apuntarse
Para asistir es necesario reservar plaza con antelación, ya que trabajaremos con un grupo reducido para que el encuentro sea cómodo y cercano.
Si eres socio/a de Happening Madrid, solo tendrás que confirmar tu asistencia por los canales habituales.
Si no eres socio/a, podrás apuntarte abonando los 5 € del evento mediante el sistema de inscripción que indicaremos (enlace o formulario de reserva).
Te recomendamos venir con ropa cómoda, ganas de probar cosas nuevas y, si te apetece, con alguna recomendación gastronómica o cultural para compartir con el grupo.
Un vermú de domingo diferente
Este encuentro está pensado para quienes disfrutan de los planes tranquilos de mediodía, del tapeo sin prisas y de los mercados como espacios de encuentro. La combinación de productos locales, vermut, aire libre y buena conversación hace que el Mercado de Productores del Planetario sea un escenario perfecto para un domingo distinto.
Si te apetece unirte, reserva tu plaza y nos vemos el 3 de mayo a las 13:00 h en el puesto de Vermú Zarro.
Precio
El precio de inscripción a esta experiencia es de 5 € (gratis si eres socio de Happening Madrid).
¿Cómo hacer las reservas y pagos a Happening Madrid de cada una de las experiencias?